Ser madre no es gratis

Ese que ninguna revolución social ni política ni científica ha logrado usurparle.Pero del que tampoco han conseguido liberarla. El de concebir, gestar y traer hijos al mundo. La menarquía y la menopausia, el principio y el fin del periodo finito de tiempo en que eso es factible, son tan...

Ese que ninguna revolución social ni política ni científica ha logrado usurparle.Pero del que tampoco han conseguido liberarla. El de concebir, gestar y traer hijos al mundo. La menarquía y la menopausia, el principio y el fin del periodo finito de tiempo en que eso es factible, son tan inexorables como el hecho de que todos nacemos y morimos un día. Pero la maternidad es voluntaria. O debería serlo. Y es ahí donde vienen los conflictos. Porque las mujeres pueden ser madres, pero no tienen que serlo obligatoriamente. Algunas quieren y no pueden. Otras pueden y no quieren. Y todas son igual de femeninas. La gran noticia, todavía a estas alturas de la película, sería que cada una pudiera optar por serlo o no serlo sin pedir permiso, ni disculpas, ni tener que dar explicaciones al respecto. Ni siquiera a sí misma.Recordemos que la princesa Charlene de Mónaco no ha legitimado su título hasta concebir un heredero al trono. Y es que, a estas alturas de la película, muchos, y lo que es peor, muchas, ven el poder de la maternidad más como un mandato genético que como un privilegio. Y eso no se extirpa de una generación para otra.


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