Bolivia plurinacional: potestad y contradicción

el fin de toda conquista es el control del conflicto, no su erradicación.Hoy asistimos casi hipnotizados al show de la política económica continental entre potencias y sus subsidiarias; al mismo tiempo también a la emancipación encolerizada de sectores populistas, provenientes de los...

el fin de toda conquista es el control del conflicto, no su erradicación.Hoy asistimos casi hipnotizados al show de la política económica continental entre potencias y sus subsidiarias; al mismo tiempo también a la emancipación encolerizada de sectores populistas, provenientes de los resabios de las dictaduras y los gobiernos denominados neo-liberales cuando estaba de moda la vigencia del enemigo público (o sea, lo privado asociado a lo extranjero). Esta nota de lo popular ha copado, en la actualidad, la atención internacional de Bolivia que pasó de República a Estado Plurinacional, sedienta de simbolismos extraídos de una herencia cultural dizque “originaria”, pero a la vez fuertemente mezclada con racismo, sentimientos de exclusión, discriminación, pugnas de clases sociales, fermentos antirreligiosos y comunidades laicas que promueven la adhesión política a lo costumbrista, asociada con el poder local como expresión de lo propio frente a lo ajeno. Aspectos estos que no condicen plenamente con lo originario como ámbito de la libertad plena o de lo auténtico en el sentido de bienestar.El modo como se controla gran parte de lo simbólico pasa por la etapa de reconocimiento de un momento histórico construido a fuerza de conflictos. Por ello, la conflictividad es también la palanca para seducir y acallar a la vez. Pero este afán que pone ante los “demás” (entiéndase opositores) un modelo tipo rompecabezas, donde las piezas son las convergencias, solo puede armar un modelo delimitado y bien definido, donde por su propia configuración solo se puede lograr un único cuadro. Esta visión que si bien provee de esperanza y de realizaciones basadas en simbolismos, no puede aún dejar su paleta de formas solo a la inventiva nacionalista, porque necesita hoy más que ayer de la voluntad externa para su realización como vía y fin. En otras palabras, sin lo sucedido, sin lo históricamente hecho (con o sin contrapesos de otros gobiernos), y sin que lo acontecido haya sido fundamento de una re-configuración de las fuerzas políticas en conflicto no habría un populismo. Por otra parte, el rol de la economía política re-orientada hacia el empoderamiento de los actores sociales antes sub-valorados están en el presente jugando la partida más importante de su existencia: ser aceptados como una fuerza de control, pero sin liderazgos paralelos, sin un pensamiento desarrollado libremente y sin otra competencia que la propia. Por ello sus fallas, su problemas, sus aciertos o equivocaciones se resuelven en el seno de su propias contradicciones, entre éstas la más notoria aún es la de no pluralidad ideológica, o sea en busca todavía de un fundamento que provenga de su naturalidad como pueblo o nación. *Comunicador social


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