La bruja

la legalización de la marihuana y el aborto, la posibilidad de que los homosexuales adopten. Escucho en los noticieros argumentos a favor y en contra y de pronto tengo la sensación de haber escuchado esto antes y me siento harta, desolada. Como si me faltara algo y no supiera qué. Y hago una...

la legalización de la marihuana y el aborto, la posibilidad de que los homosexuales adopten. Escucho en los noticieros argumentos a favor y en contra y de pronto tengo la sensación de haber escuchado esto antes y me siento harta, desolada. Como si me faltara algo y no supiera qué. Y hago una estupidez que nunca he hecho antes. Salgo del hotel, camino hasta una galería que está a la vuelta y busco el local sórdido que vi ayer y en el que un cartel anunciaba “Tarot”. Cuando lo veo, entro sin pensar, como quien se somete a un experimento. Detrás del mostrador hay una mujer vieja. Saludo, consulto, me dice un precio. Acepto y me hace pasar detrás de un biombo. Me pide que le pague antes. Saca un mazo de cartas. Me pregunta si quiero saber algo sobre el amor. No. ¿Sobre el trabajo? No. Me mira como si ella fuera un pájaro y yo un insecto y entonces, arrebatada por una euforia culposa, le digo la verdad (sabiendo que sonará a mentira): que a veces, no siempre pero a veces, me quedo mirando una pared o, como ahora, un televisor, y siento que una cáscara de desesperación helada me cubre por dentro y que a lo mejor ella puede decirme por qué me pasa: de dónde viene eso. La mujer me mira y, siete grados por encima del desprecio, me dice: “Usté me está güeviando”. Louise Glück escribió: “A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación /a otra persona, a eso lo llaman / alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma”. A veces, me digo, eso no se logra ni pagando.


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