¿La re - re – reelección del masismo?
realizada por Tal Cual Comunicación para la revista Oxígeno, señala que 66 por ciento de los bolivianos aprueba la gestión presidencial. Un ranking realizado por el periódico mexicano El Economista situó en marzo a Evo como el mandatario más popular de Latinoamérica.El caudillo va...
realizada por Tal Cual Comunicación para la revista Oxígeno, señala que 66 por ciento de los bolivianos aprueba la gestión presidencial. Un ranking realizado por el periódico mexicano El Economista situó en marzo a Evo como el mandatario más popular de Latinoamérica.El caudillo va marcando fuertes hitos en la historia. Está a menos de tres meses de convertirse en el presidente que haya gobernado continuamente más tiempo Bolivia, superando a Andrés de Santa Cruz. Y se halla a algo más de dos años de ser el mandatario con más tiempo en el poder, superando a Víctor Paz Estenssoro. Es ya el presidente más antiguo de América y se halla entre los 12 más vigentes en el planeta. Tras él varios de sus ministros y el propio vicepresidente Álvaro García Linera ya ostentan sus propios récords en sus cargos. Pero en esos niveles, las simpatías y el peso político bajan notoriamente.A diferencia de lo sucedido, por ejemplo, con la Revolución Nacional de 1952 las figuras del Movimiento Al Socialismo (MAS) son contadas. No hay esa célebre disputa de caudillos que protagonizaron Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Suazo, Walter Guevara Arce y Juan Lechín Oquendo. Es más, las figuras más destacadas del MAS se hallan varios o muchos peldaños más abajo que la de Evo. Y el problema o el desafío viene más abajo aún: ¿es el masismo lo suficientemente fuerte y estructurado como para sustentar el peso de su líder? ¿Lo será cuando vengan tiempos difíciles?La figura de Evo Morales ha logrado mantenerse y posicionarse con escaso desgaste en esta década. Pero la del partido en funciones de Gobierno parece experimentar el decaimiento natural de los partidos que llegan al poder. La lista de contradicciones, disputas, escándalos, agujeros negros, etc. que le afectan suma probablemente ya varios volúmenes. Ya le toca autoanalizarse y conocer el concepto que el resto de los bolivianos tiene hoy de lo que va caracterizando al “masismo”.Hasta le convendrá recordar lo que significaron en sus tiempos por ejemplo “el movimientismo” y los movimientistas o “el mirismo” y “los miristas”. De revolucionarios y luchadores, muchos de los primeros, pasaron a ser inescrupulosos asaltantes del poder. De idealistas y éticos, muchos de los segundos, pasaron a ser paradigmas de la corrupción y el oportunismo. Con muchas o pocas excepciones, con el tiempo, para nadie ya resultaba políticamente digerible lo que otrora había despertado simpatías y esperanzas.Por eso, “el mirismo” y “el movimientismo” tuvieron tan tortuosos y limitados retornos al poder, como aquel de 2002. Precisamente por esas causas debieron abrirse paso a plan de “alianzas” y “concertaciones” con lo que sirva. Por ello, cuando algunas instancias empiezan a plantear la idea la “re- re reelección” de Evo, hay una valoración importante más allá del candidato: ¿cuál será el físico del masismo, no de Evo, cuando llegue la nueva etapa electoral? ¿Será la imagen del masismo, no de Evo, que colmó notoriamente a los alteños hace apenas tres meses? ¿Será la imagen de masismo, no de Evo, que dejó la gestión liderada por Lino Condori en Tarija?Por eso la batalla que se viene al hablar de la “re-re-reelección” de Evo para 2020 no será simplemente congresal o leguleya. Será una batalla partidaria íntima contra la corrupción, el oportunismo, la ineficiencia, el nepotismo, el cinismo y tantos vicios politiqueros que nos ha enseñado en la historia. Tarea complicada, a ver, cómo le hacen.


