La alianza estratégica Asia-África-América Latina (I)

de nuevas potencias mundiales; y de alianzas y proyectos de integración entre pueblos, países y gobiernos del Tercer Mundo han puesto a la otrora poderosa Europa Occidental en una condición de alta debilidad y dependencia de Estados Unidos, con horribles manifestaciones de xenofobia; a Estados...

de nuevas potencias mundiales; y de alianzas y proyectos de integración entre pueblos, países y gobiernos del Tercer Mundo han puesto a la otrora poderosa Europa Occidental en una condición de alta debilidad y dependencia de Estados Unidos, con horribles manifestaciones de xenofobia; a Estados Unidos (EEUU) en una situación desesperada por mantener o recuperar espacios territoriales en Asia, África, Medio Oriente y América Latina; y al planeta en un nuevo horizonte de mayor pluralidad y democracia de autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, los riesgos de guerra y de intervenciones militares por parte de las potencias metropolitanas no han disminuido, razón por la cual actualmente se viven momentos de convulsión bélica en la región petrolera de Irak y Siria, en el norte de África después de la invasión imperialista en Libia, en la frontera ruso-europea occidental por las provocaciones del gobierno de Kiev o en las extensas zonas de los océanos Atlántico y Pacífico donde se controlan los estratégicos pasos militares y comerciales marítimos y los recursos naturales de la Antártida.  La estructura colonial e imperialista del mapa mundial establece, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su Comité de Descolonización, la existencia de 17 territorios coloniales pendientes de resolución de independencia y soberanía o de pertenencia diferente. En estos casos las potencias coloniales no son otras que Inglaterra (Reino Unido de Gran Bretaña), con diez posesiones, Estados Unidos con tres, Francia con dos, una España y otra Nueva Zelanda; y las regiones víctimas se encuentran en América Latina y el Caribe en ocho casos, Oceanía en seis casos, África en dos y Europa en uno. Por otra parte, están las anexiones abusivas como las de Puerto Rico en el Caribe y Hawái en el Pacífico por parte de EEUU. Los casos emblemáticos de colonialismo estratégico actuales son los que permiten controlar espacios y pasos fundamentales para el movimiento militar y comercial, como ocurre con Gibraltar por parte de Inglaterra que controla el paso del Mar Mediterráneo al Océano Atlántico entre Europa y África en desmedro de España; o el caso de las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur de soberanía argentina, y Santa Helena, Asunción y Acuña que ocupa Inglaterra para controlar el Atlántico Sur; o la situación de Guam y Samoa controladas por Estados Unidos, Nueva Caledonia y Polinesia bajo dominio de Francia, y Pitcairn a cargo de Inglaterra para dominar el Pacífico Sur.  A los resabios coloniales identificados se agregan los centenares de casos semicoloniales, neocoloniales y de dependencia estructural históricamente establecidos por el orden imperialista en los últimos dos siglos a través de la ocupación económica, comercial y financiera; la explotación de materias primas; la intervención militar; la amenaza permanente y la guerra abierta. La dinámica de explotación y acumulación del capitalismo monopolista y las pugnas inter-imperialistas por expandir su dominación y explotación sobre regiones y territorios del Tercer Mundo no ha terminado, aún después de dos guerras mundiales, de la Guerra Fría y de la unipolaridad de finales del siglo XX impuesta por Estados Unidos. En los debates finales de la Segunda Internacional y los primeros de la Tercera Internacional estuvo presente el tema de Cuestión Nacional y Colonial, con el objetivo de determinar el rol de los movimientos revolucionarios para desarrollar la lucha antiimperialista y de la autodeterminación de los pueblos, como condición para avanzar en la transformación socialista de los países oprimidos por el imperialismo. En los mismos se enfrentaron dos posiciones: quienes defendían el colonialismo con el argumento de sacar del atraso a los pueblos dominados y quienes consideraban que la autodeterminación de los mismos era la condición imprescindible para avanzar en procesos de liberación. Las experiencias de las revoluciones Rusa, China, Vietnamita, Cubana, entre otras, demostró la validez de la segunda tesis. (…Continuará este miércoles)*es sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.


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