Las soledades de enero
Todos los lenguajes se aprenden al calor del hogar, donde es posible contar estrellas e inventarse un cielo de luz, por muchas sombras que nos arreen los herodes del mundo. Aún no han cesado los violadores de rosas y habría que poner a salvo al débil del abuso del más fuerte. Es una de las...
Todos los lenguajes se aprenden al calor del hogar, donde es posible contar estrellas e inventarse un cielo de luz, por muchas sombras que nos arreen los herodes del mundo. Aún no han cesado los violadores de rosas y habría que poner a salvo al débil del abuso del más fuerte. Es una de las grandes tareas pendientes. Hace tiempo que la esperanza ha dejado de estar al alcance de todos. Muchos caminantes no tienen a nadie y no esperan nada. Por perder, han perdido hasta su propio linaje, forman la tribu de excluidos a los que nadie quiere ni mirar. Toda esta frialdad de caminos sin alma, hace que nos desborde la tristeza más profunda. Quedar solos a la deriva del viento, tapados por las soledades de enero, desemboca en suicidios o en una muerte vital prematura. Los periodos de crisis o de progreso, que la vida es un ir y venir, un bajar y un subir, han de hacernos reflexionar. Por mucha escarcha que caiga sobre el ser humano, siempre habrá una flor que retoñe y nos traiga la esperanza.


