Lo amargo de una clasificación
La causa fue un inicio muy meritorio del equipo que cargó nuestra esperanza en busca del objetivo que soñábamos, y pudo gestarse con el empate contra México y la increíble victoria frente a Ecuador. Fue lo que hizo posible nuestra clasificación. Y llegó poco antes del...
La causa fue un inicio muy meritorio del equipo que cargó nuestra esperanza en busca del objetivo que soñábamos, y pudo gestarse con el empate contra México y la increíble victoria frente a Ecuador. Fue lo que hizo posible nuestra clasificación.
Y llegó poco antes del partido contra Chile, gracias a que Ecuador sometió a México, una noticia que seguramente distendió los nervios de los integrantes del equipo, desde el mismo director técnico Mauricio Soria que, minutos antes de iniciarse el partido –al suponer que lo ideal sería preservar la integridad de sus jugadores–, decidió cambios sin reparar que la estructura del equipo que tan trabajosamente había armado, podría venirse abajo.
El hecho, además fue admitido por algunos jugadores: “entramos muy relajados”. A esta situación estructural se sumó el primer gol de Chile no bien iniciado el partido y que, sin embargo, no alteró la tranquilidad de nuestros muchachos, pese a tener al frente un rival demoledor que –al contrario del nuestro– contaba en la cancha con sus mejores hombres. Aunque también debemos sumar la carencia total de fuerza ofensiva y coordinación.
Seguramente, la derrota contra Chile sirvió para que quienes creímos que la victoria ante Ecuador nos daba un lugar en el cielo, pongamos los pies en la tierra y admitamos que nada ha cambiado en nuestro fútbol. Subsiste la necesidad de proceder a una reforma en las estructuras de nuestro fútbol, pues debemos admitir que la actual selección demostró que, con un trabajo más intenso es posible llegar a niveles futbolísticos más altos.
Así como no habíamos logrado la gloria al vencer a Ecuador, tampoco hay que considerar un drama la derrota que nos propinó Chile. El objetivo inmediato es la búsqueda de un mejor resultado en la nueva fase que nos toca encarar. Sea cual sea el rival que nos corresponda es necesario incentivar mucho más la confianza en su propia capacidad de los jugadores, de modo que consideren que da lo mismo que ese rival sea Brasil, Colombia o Perú.
Cierto, además de impulsar la autoconfianza de los jugadores de manera de adquirir una mejor actitud, seguramente habrá que buscar mejor coordinación entre ellos en el campo de juego, de manera de lograr una tenencia más segura de la pelota en la cancha, no descuidar la seguridad defensiva y buscar mayor poder ofensivo. Contamos con un gran golero, pero eso no es suficiente, hay que evitar actitudes ingenuas atrás, y coordinar mejor hacia adelante.
En anterior oportunidad destacamos la solidez de una zaga defensiva y en la primera etapa contra Ecuador vimos una delantera que para todos era raro ver en partidos internacionales, de allí es que creemos que no es imposible llegar a niveles más altos, por ello insistimos en un cambio de actitud que debe comenzar en el cuerpo técnico, para de ese modo ser transmitido al equipo. Hay elementos para suponer que lo de Chile sólo fue algo eventual.
Es cierto que aquel 5 a 0 recibido ante Chile sólo revivió dolorosos fantasmas que soñamos olvidar, lo cual será posible cuando tomemos conciencia que no toda la responsabilidad es de los jugadores y el cuerpo técnico, también es necesario que los dirigentes tomen conciencia que lo único que empoderará al fútbol boliviano es trabajar metódicamente con divisiones inferiores. Una labor en la seguramente sería bienvenido el apoyo del Estado.


