Claudia Tolay, un corazón poderoso

EEUU, título impulsado por el diario The Planet, que canaliza propuestas de instituciones y personas, para elegir a las personas que trabajan en beneficio de la comunidad latina.             Esta mujer de corazón solidario, quien recordó su niñez en el barrio tarijeño de La...

EEUU, título impulsado por el diario The Planet, que canaliza propuestas de instituciones y personas, para elegir a las personas que trabajan en beneficio de la comunidad latina.             Esta mujer de corazón solidario, quien recordó su niñez en el barrio tarijeño de La Pampa, agradeció ser parte del “Top 100” por segundo año, atribuyendo el reconocimiento al amor de los más de 20 niños que hoy son sus ahijados, y a quienes financió complicados tratamientos médicos, además de acogerlos en su casa en EEUU. “Eres una de las poderosas”, le dijo alguien en el acto de nominación, “tengo el poder del amor”, respondió ella, convencida de que el mejor reconocimiento es el cariño de sus ahijados. Fue en 2013 que conocimos a esta mujer que vivió más de 20 años fuera del país cuando se enteró de una niña atacada por perros en la ciudad de El Alto. Entonces se comunicó con una amiga médico, quien le consiguió los contactos con autoridades del Hospital del Niño. Entonces encaró trámites y negociaciones que permitan el traslado de Rosalía al Boston Children Hospital. Lo que fue posible un mes después.                                        Claudia llegó a La Paz para llevar a la niña pues la gravedad de las heridas hacía difícil que pueda ser tratada en Bolivia, y gracias al apoyo conseguido le permitían un tratamiento de dos meses. Hoy son dos años que continúan los procesos de recuperación, Rosalía vive como una hija más de Claudia, aunque persisten secuelas neurológicas y continúa su tratamiento, al punto que hace muy poco recibió su cirugía número 34.          El trabajo de Claudia con Rosalía fue la causa por la que se gestara Healthy and Happy Kids, la fundación humanitaria creada por Claudia Tolay para continuar la actividad humanitaria que permite que por año 120 niños, gran parte de ellos de Bolivia, reciban atención médica, aunque ese trabajo humanitario se ha extendido a niños de pocos recursos de países como México, Siria, Afganistán, Turquía e Israel.          El recuento de sus días de infancia permite a Tolay suponer que la sensibilidad para comprender y solidarizarse con quienes son golpeados por el infortunio las ha cultivado gracias a sus padres y sobretodo a su abuelo, quien vivía en la zona rural y le pedía que siempre esté presta a colaborar con la gente menos protegida. Esos conceptos de solidaridad fueron tomando cuerpo en España, donde vivió 13 años ayudando a gente con cáncer.                   Esta labor en favor de los más débiles, le permitió a Claudia conocer y sentir la realidad del área de Salud en Bolivia, desde el desinterés de la población para  priorizar el cuidado de la propia salud y la del colectivo, hasta la indiferencia de un Estado que no asume medidas para una mejor capacitación de los recursos humanos en salud. Además, claro está, la dotación de recursos a hospitales públicos, cuyo funcionamiento no supera niveles subhumanos.                           El reconocimiento a la tarea solidaria de Claudia Tolay no sólo debe ser un motivo de orgullo, también debe impulsarnos a imitar su postura y conceptos de solidaridad frente al ser humano lo que nos permitiría construir una sociedad más justa. Aunque para ello también se requiere que funcionarios estatales asuman como un desafío lograr que nuestros niños, para recuperar su salud, no requieran ser enviados a lejanos países.


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