El empate, ¿consuelo o esperanza?

gracias a un sólido sistema defensivo, distinto al que vimos contra Argentina, nos dio satisfacción pues sentimos incólumes nuestras esperanzas.        Al frente estuvo un cuadro lleno de ímpetu que, desde el vamos, buscó someter a los nuestros. Pero se topó con una defensa ordenada...

gracias a un sólido sistema defensivo, distinto al que vimos contra Argentina, nos dio satisfacción pues sentimos incólumes nuestras esperanzas.        Al frente estuvo un cuadro lleno de ímpetu que, desde el vamos, buscó someter a los nuestros. Pero se topó con una defensa ordenada que nunca perdió tranquilidad e impidió que el rival concretara sus intenciones. No sentimos lo mismo al ver las dificultades de los nuestros en la tenencia de la pelota que eran más evidentes pasado el medio campo, gestando una creciente falta de fortaleza en sus ataques. Aunque pese a sus escasas llegadas, en el primer tiempo pudo haberse desnivelado el partido.      La opción más clara para concretar de todo el partido se dio a los 13 minutos, en el primer ataque boliviano a través de un tiro de Ricardo Pedriel, que rebotó en el palo derecho del rival. Antes, la tenencia de la pelota fue de México, aunque sin consecuencias, gracias a la solidez de la defensa liderada por Ronald Raldes y la seguridad de Rommel Quiñonez. El tiro de Pedriel permitió a Bolivia darse cuenta de que era posible jugar hacia adelante y equilibrar el partido.                                           A partir de allí, la posibilidad de gol merodeó con frecuencia el área mexicana, aunque con ciertas dificultades en la conservación de la pelota e inseguridad en los pases, pese a todo se dieron dos o tres posibilidades de marcar, contra una sola de los rivales. Sin embargo, el creciente ímpetu de nuestros jugadores se apagó de manera inexplicable en el segundo tiempo, y salvo una entrada de Martins antes de los 20 minutos, no crearon más posibilidades de gol.        Lo contrario sucedió con el equipo mexicano cuyo juego gestó varias posibilidades que afortunadamente no fructificaron en goles. Creció el buen desempeño de la defensa, mientras las energías en el ataque boliviano se agotaron paulatinamente, un hecho bastante frecuente en nuestros equipos, cuya falta de efectividad parece ser una característica muy arraigada, detalle que requiere mayor atención de la plantilla técnica de la selección.             En este panorama hay otro detalle que muchos respetados analistas deportivos prefirieron pasar por alto: gran parte del equipo mexicano que enfrentó a Bolivia estaba conformado por jugadores suplentes, por lo que podríamos suponer que otro hubiera sido el resultado si su técnico hubiera contado con sus figuras más brillantes, aunque esto no pasa de ser una conjetura que se develará hoy por la noche cuando enfrentemos a Ecuador.                              El empate contra México mostró que nuestro equipo cuenta con figuras de buen nivel futbolístico. De allí que nuestros sueños de una selección triunfadora sigan vigentes, aunque debemos insistir en la inseguridad de su capacidad futbolística para definir y llegar al gol que no pueden disimular, un mal que de tanto reiterarse ya parece congénito en nuestro fútbol, ergo, es un detalle que el equipo técnico, con el apoyo de dirigentes y aficionados, debería encarar.            De allí la importancia del partido que hoy enfrentará la selección ante un rival hipotéticamente más fuerte que el anterior. Ojalá que el cambio que los bolivianos esperamos comience con el team que nos representará esta noche. Capacidad para hacerlo, tiene. Y sin duda, al margen de lo que pase hoy, lo singular en cuanto a exigencias de esta copa, vendrá en el siguiente partido cuando Bolivia enfrente nada menos que a Chile, en su casa.


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