Preguntas y respuestas

son más las preguntas pendientes sobre  la elección de quien era candidato único, que las respuestas sobre el futuro de esa institución.La primera pregunta tiene que ver con que países fueron legítimamente representados en esa elección que, si no estamos equivocados, se realizó en...

son más las preguntas pendientes sobre  la elección de quien era candidato único, que las respuestas sobre el futuro de esa institución.La primera pregunta tiene que ver con que países fueron legítimamente representados en esa elección que, si no estamos equivocados, se realizó en Washington, donde están las oficinas principales de la OEA.Cuba, que fue expulsada de la OEA en 1962 aún no ha regresado a la organización, y es improbable que lo haga, porque inclusive su relaciones con los Estados Unidos, país base de la OEA siguen pendientes de ser ratificadas por el congreso estadounidense.La elección se hizo por voto secreto a petición de Jamaica, Bahamas, Surinam y Canadá, a pesar de que el canciller de Honduras, Arturo Corrales, había solicitado que, dado que solo había un candidato, se eligiera por aclamación.México, Brasil, Panamá, Perú, Ecuador y Paraguay respaldaron esa propuesta formulada por Honduras, que finalmente no prosperó porque no lo establece el reglamento interno de la organización.El ex canciller uruguayo Luis Almagro sustituirá al frente del organismo al diplomático chileno, José Miguel Insulza, que abandonará su cargo el próximo 25 de mayo después de casi una década al frente de la institución.Después de verificar la legitimidad de quienes el miércoles participaron en la elección de Almagro, otra pregunta es si la OEA insistirá en armar la Cumbre de las Américas el 10 y 11 de abril, en Panamá.Para esa fecha Almagro aún no habrá asumido la Secretaría General y José Miguel Insulza estará en una especie de interinato, cumpliendo sus últimos días en la organización, y esa no es la mejor situación para convocar cumbres presidenciales.Quedan también pendientes varios otros asuntos muy importantes, como la crisis de la Corte Constitucional en Colombia, demandas por corrupción en Brasil,  en México y ahora en Argentina, en el caso Nisman, además de los roces de Venezuela con Estados Unidos.Esas, por supuesto, son cuestiones que debe atender cada país, según sus propias normas, pero recordemos que de la OEA dependen una comisión internacional de Derechos Humanos y otras entidades especializadas.De esos temas se han estado ocupando, cada vez con más propiedad, las instituciones que trabajan por la región, entre ellas la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC y la Unión de Naciones Sudamericanas, Unasur.En conclusión y aplicando un elemental sentido crítico, habría que preguntarse cuáles son los costos (y cuáles son los beneficios) de que continúe existiendo la Organización de Estados Americanos y verificaríamos que hay muchas más preguntas que respuestas.Este no es un asunto exclusivamente para ser atendido por los mandatarios, por los cancilleres o por sus representantes, sino algo que nos interesa a todos los ciudadanos porque los tiempos han cambiado y cada vez hay menos exclusión.Por eso han prosperado las redes sociales, que ahora tienen verdadero poder, pero ese es tema para otro comentario. Lo prepararemos.


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