En algún lugar… El rosa de la esencia

El 18 de febrero el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) acordó posponer la discusión sobre la imparcialidad con la que deben conducirse los servidores públicos durante las campañas y sobre la gestión y administración de los programas sociales durante las campañas...

El 18 de febrero el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) acordó posponer la discusión sobre la imparcialidad con la que deben conducirse los servidores públicos durante las campañas y sobre la gestión y administración de los programas sociales durante las campañas electorales; y por ese acuerdo, los representantes de siete partidos políticos abandonaron la sesión acusando al Consejo de parcialidad. Y así inició una secuela mediática de desprestigio privilegiando la divulgación del incidente sobre la información de los preceptos legales en cuestión. Entre los dimes y diretes de la diatriba partidista no se aclaró que los representantes de los partidos políticos participan en el Consejo General con voz pero sin voto, por lo que su presencia es necesaria para lograr el consenso y verificar la legalidad de los acuerdos pero no es indispensable porque en última instancia, el proceder del INE está sujeto al escrutinio de todos los consejos locales y distritales. El mecanismo del INE implica mil y un verificaciones, incesantes y exhaustivas.Además, este incordio surge en circunstancias paradójicas y es menester aclarar que la autoría de las ambigüedades jurídicas sujetas a discusión deben atribuirse a los partidos políticos que proponen y aprueban las leyes que debe acatar y hacer cumplir el INE. Hoy por hoy, la mayoría de las declaraciones enfatizan la crisis del INE, la violación de sus principios rectores, la parcialidad de los consejeros más lo que se acumule esta semana y surge otra vez la paradoja: quienes señalan la escasa credibilidad en el INE pertenecen a las instituciones que acaparan el porcentaje de desconfianza entre la ciudadanía, de acuerdo con el Informe País.Pero afortunadamente, la esencia de la democracia reside muy lejos del Consejo General. Mientras la partidocracia inflamaba su arenga contra el INE, miles y miles de capacitadores recorrían las calles de todas las secciones en los 300 distritos electorales para visitar y notificar a los ciudadanos que habrán de participar como funcionarios de casilla. Con un chaleco rosa, una lista, un mapa y la mejor de las actitudes, los capacitadores electorales son los receptores de la apatía y la desconfianza, soportan groseras negativas y escuchan toda clase de pretextos para eludir la responsabilidad cívica de participar en los comicios. Manejan la frustración todos los días pero no desisten impulsados por una convicción genuina porque la esencia del proceso electoral reside en todos y en cada uno de los ciudadanos: capacitadores, supervisores, funcionarios de casilla, votantes, consejeros y representantes de los partidos. Ese es el único antídoto contra la desconfianza.Y así, la jornada electoral es el momento donde se concretan miles de voluntades y esfuerzos y el escrutinio masivo es el único garante de los comicios. La legitimidad del proceso electoral, sea cual fuere el resultado, surgirá en cada una de las casillas por los efectos de esa esencia que transmite una convicción imponderable…*Laura M. López Murillo es licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm


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