Reflexiones desde el Cursillo: Nacimiento de Jesús Nayú Alé de Leytón

En Belén no encontraron hospedaje, se dirigieron a la salida de la población, hacia la parte oriental había una cueva o gruta solitaria que servía de refugio en los días de tormenta, allí se guarecían los pastores y ganados.  En esta cueva retirada y silenciosa  iba a nacer el Hijo de...

En Belén no encontraron hospedaje, se dirigieron a la salida de la población, hacia la parte oriental había una cueva o gruta solitaria que servía de refugio en los días de tormenta, allí se guarecían los pastores y ganados.  En esta cueva retirada y silenciosa  iba a nacer el Hijo de Dios.Un rústico pesebre de barro montado sobre unos maderos serviría de cuna al Rey del cielo, nos lo narra San Lucas: “Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de dar Ella a luz y dio a luz a su Hijo primogénito y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc. 2,6-7).Es necesario que reflexionemos en esas palabras: “Lo acostó en un pesebre”.Un humilde pesebre que había en aquella cueva y que sin duda José acomodó lo mejor que pudo, fue la cuna del Hijo de Dios. ¡Que tremenda lección para la loca ambición del mundo y para nuestro afán insaciable de comodidades y lujos!El Rey de la gloria al nacer no tiene otra cuna en que ser recostado sino un miserable pesebre de animales.El llanto del niño anuncia ya la explosión de las bienaventuranzas.  En presencia del santo pesebre pierde el oro su brillo y su valor que se traspasa a la pobreza.  Ya no está la felicidad en la gloria mundana sino en la humildad.  Todo eso nos dice El Señor al haber nacido en tanta pobreza.  Es grande el misterio de Belén, contemplemos a Dios hecho hombre, un niño que en su mudez es elocuente, esa pequeñez todo lo puede, esos pañales valen más que todos los tesoros del mundo, ese pesebre es trono de realeza, esa oscuridad fulgura, esa mortalidad es germen de vida, esas lágrimas bañan de gozo el corazón.El descenso de Dios al hombre provoca el ascenso del hombre a Dios porque el empequeñecimiento de la inmensidad es para el engrandecimiento de la pequeñez.San Agustín decía: “En el pesebre yace, mas abarca el mundo, es envuelto en pañales, mas nos viste de inmortalidad, no halló lugar en el mesón, mas se labra un templo en el corazón de los creyentes.  Para que la flaqueza se hiciese fuerte, hízoce flaca la fortaleza”. También dice San Agustín: “Regocijaos justos, es el nacimiento del justificador; regocijaos los cautivos, es el nacimiento del Redentor;  regocijaos débiles y enfermos, es el nacimiento del Salvador;  regocijaos los libres, es el nacimiento del Libertador; regocíjense los cristianos es el nacimiento de Cristo”.Quienes buscan un sentido espiritual a la Navidad, pueden encontrar  el verdadero sentido en las palabras del Santo Padre Juan Pablo II que dijo:  “El niño acostado en la pobreza de un pesebre, es la señal de Dios, vale para hombres y mujeres del tercer milenio… Es señal de esperanza para toda la familia humana, señal de paz para cuantos sufren a causa de todo tipo de conflictos, señal de liberación para los pobres y oprimidos, señal de misericordia para quien se encuentra en el pecado, señal de amor para quien se siente solo…También para nosotros hombres del tercer milenio, es posible encontrar a Cristo y contemplarlo con los ojos de María”.Queridos hermanos y hermanas que en esta Navidad encontremos a Jesús y lo encontremos allí donde entreguemos amor.


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