El amargo de la quinua

Partamos por la base productiva. La falta de experiencia en el cultivo de quinua en las provincias no tradicionales ha obligado a los campesinos a buscar ONG, consultores, entidades gubernamentales y en muchos casos a trabajar bajo la modalidad de “al partido”. Esta modalidad muy conocida en...

Partamos por la base productiva. La falta de experiencia en el cultivo de quinua en las provincias no tradicionales ha obligado a los campesinos a buscar ONG, consultores, entidades gubernamentales y en muchos casos a trabajar bajo la modalidad de “al partido”. Esta modalidad muy conocida en las comunidades, en el caso de la quinua se ha distorsionado. Los expertos productores de Salinas y otras comunidades del intersalar, luego de años de monocultivo han desplegado su maquinaria a esas nuevas provincias con una mentalidad mercantil neoliberal de ganar o ganar. Según los testimonios, al inicio de la época de siembra se recibió la propuesta de colocar los unos las tierras y los otros el tractor y las semillas. Luego, en la época de cosecha, irían a repartirse la producción a mitades. Pero esto no fue así. Los dueños de la maquinaria trillaron las panojas, clasificaron la producción en quinua de primera, segunda y tercera. En base a esta ultima comenzaron la partición, pero además restaron mas porcentaje de granos por los gastos de fertilizantes, plaguicidas y otros insumosLa producción de la quinua en los últimos 25 años ha cambiado en su conformación estructurante complementaria. La política agropecuaria, en el marco de fondos de ayuda al desarrollo de Holanda, Dinamarca, UE, Usaid y otros organismos ha fomentado y financiado las empresas rurales. Con eso, una parte escogida de campesinos ha pasado a convertirse en empresarios neoliberales y la otra es mano de obra barata o migrante. También varios actores del sector de la quinua se han asociado o transformado en empresarios. Este cambio estaría bien si se tratase de producción orgánica con visión de cultura de reciprocidad, ética y soberanía. Pero la realidad del espacio de producción andino de alimentos también tiene consultores, facilitadores, expertos, charlatanes, falsificadores, desfalcadores, financiadores, lobistas, transformadores y contrabandistas del grano de oro. En ese contexto ya no interesa el trueque de productos de los pisos ecológicos o el wali kamaña, sino el chenko y la competitividad.La producción orgánica de quinua tiene muchos ecos y presupuestos. Las prácticas de ocultar los fertilizantes químicos a la hora de la visita de los inspectores de producción orgánica , o la mezcla de convencional con orgánico son temas que se discuten en algunas comunidades, pero es necesario profundizar por sus beneficios en estudios en las universidades y asambleas, para que no se reproduzca el modelo de la soya. En este modelo el concepto de rotación es manipulado e industrial porque es la rotación en semillas transgénicas, hecho que podría darse en la quinua, sino se informa, previene y reglamenta.La quinua transgénica no es un mito, existe la búsqueda desde hace décadas en varias universidades de países desarrollados que demandan y consumen transgénicos, gracias al poder de las transnacionales de la alimentación, semillas, medios de comunicación, lobbis, ONG, universidades y otras instituciones. Ese poder transnacional que quita tierras a campesinos en África, Asia y Latinoamérica no está como turista en Bolivia. La patente para la quinua en el mundo de los agro negocios es una perla. Un informe indica que ya se ha dado en Chile a una subsidiaria de Monsanto, esto significa que no se respetara ningún convenio internacional, sino que se velará por la rentabilidad de las semillas transnacionales.En la última reunión sobre quinua organizada por el IBCE estuvo ausente la universidad boliviana, un importante actor en la investigación e innovación. No se sabe cuántos investigadores existen en las universidades estatales, privadas e indígenas sobre el tema, pero, algo que no ha cambiado mucho es el papel de los consultores y las ONG que cambiaron de denominación de origen, y como siempre están donde hay recursos financieros y para implementar la agenda socioeconómica y política de recursos naturales de sus auspiciadores. En ese evento el Viceministro de Desarrollo Rural, Víctor Vázquez dio su discurso y se fue, no escuchó las posiciones ni las demandas. Así podía haber mandado su discurso a un funcionario cualquiera, pues un discurso sin debate no forma agenda política. El amargo de la quinua no es tanto la saponina, sino será la realidad rural erosionada.La tierra, la Madre Tierra produce en cada espacio de siembra por la relación de complementariedad con sus habitantes, una relación expresada con mucho respeto y cariño en los rituales andinos. Para seguir esa lógica, no se trata de manipular conceptos o la composición natural o el uso de fertilizantes convencionales que llevarían a una producción artificial y de monocultivo a favor de la lógica mercantil de las transnacionales de la alimentación, sino de mantener e innovar el compromiso de la complementariedad con la Madre Tierra para la reciprocidad de la soberanía alimentaria de los pueblos.(*)Ex embajador de Bolivia en Alemania y periodista especializado en la quinua.


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