Eso de las guerras “sucias”

Pero la expresión “guerra sucia” ha hecho carrera en algunos ámbitos, por ejemplo en las peleas que se arman a propósito de candidaturas electorales, en las cuales se pretende que se imponga el hipotético juego limpio, que no existe ni siquiera en los deportes.Hace muy poco tiempo, en las...

Pero la expresión “guerra sucia” ha hecho carrera en algunos ámbitos, por ejemplo en las peleas que se arman a propósito de candidaturas electorales, en las cuales se pretende que se imponga el hipotético juego limpio, que no existe ni siquiera en los deportes.Hace muy poco tiempo, en las elecciones presidenciales realizadas en Colombia, la “guerra sucia” estuvo marcada por espionaje de correos electrónicos y de teléfonos, en un enredo que se volvió judicial y que probablemente no termine nunca.Otro ejemplo próximo (demasiado próximo diríamos) tiene que ver con las elecciones en el Brasil, donde la actual mandataria, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores PT se enfrentará a la representante del Partido Socialista Brasilero, Natalia Silva. En alguna de sus declaraciones públicas en esta campaña, Natalia Silva habría dicho que el PT “no es confiable, porque colocó por 12 años un director para asaltar los cofres de Petrobras”,  fue más que suficiente para que el PT anuncie que demandará a Marina Silva, por difamación electoral.Existe, efectivamente, un ex funcionario de Petrobras (Paulo Roberto Costa) quien es actualmente procesado por lavado de dinero y por corrupción, pero según la candidata Silva el Partido de los Trabajadores está involucrado  y llamó a “renovar sus organizaciones políticas”.Ante este pronunciamiento, el directivo del PT, que busca la reelección de la actual presidenta del país, Dilma Rousseff, señaló que usará el artículo 325 del Código Electoral, el cual “considera un crimen realizar cualquier difamación con fines propagandísticos”.El caso es denso y complejo, quizás inclusive más complejo que el de los espionajes e intervención de comunicaciones privadas, en las que, como decíamos, estuvieron involucrados muchos políticos colombianos por acciones de un “hacker” que todavía está siendo procesado judicialmente.Cuando situaciones como las de Colombia y ahora del Brasil llegan a los estrados judiciales pueden eternizarse, porque sabemos que son procesos largos, enredados y susceptibles de maniobras que hacen desconfiar de los resultados finales, sean estos los que sean.Sin embargo, hay que dejar a los jueces (tanto a los colombianos, como a los brasileros) que traten de cumplir su oficio, lo cual generalmente hacen, aunque usualmente demoren mucho en hacerlo y eso no es solo característica en esos países, sino también es muy frecuente en el nuestro.Como en el Brasil está involucrada la empresa petrolera Petrobras, terminemos este comentario con esa definición genial del inolvidable Sergio Almaraz: “el petróleo es un líquido viscoso que lo ensucia todo,  especialmente las conciencias”.Y conviene que todos tengamos mucha precaución con las guerras, especialmente con aquellas llamadas guerras verbales de una campaña electoral, porque aunque no hay guerras limpias, si existen algunas que son excepcionalmente sucias.Como en toda guerra, la primera víctima es la verdad


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