Corpus Christi

A veces nos es difícil comprender un amor tan grande, no podemos comprender este misterio y nuestro razonamiento limitado porque los seres humanos somos seres limitados, no le encontramos explicación a algo tan extraordinario como es que Cristo esté presente en la Eucaristía o sea en el pan ...

A veces nos es difícil comprender un amor tan grande, no podemos comprender este misterio y nuestro razonamiento limitado porque los seres humanos somos seres limitados, no le encontramos explicación a algo tan extraordinario como es que Cristo esté presente en la Eucaristía o sea en el pan  y el vino consagrados.Por eso la Eucaristía es el misterio de nuestra fe, es como dijo Juan Pablo II: “Es el culmen de la vida cristiana”.Pero ¿por qué muchos no aceptamos esta realidad? Sabemos que Dios es omnipotente, lo que para nosotros es imposible para Dios es fácil, Él todo lo puede.Jesucristo el hombre Dios que nos ama, nos perdona, nos consuela, nos llama, escuchó el pedido de los discípulos de Emaús cuando le pidieron: “Quédate con nosotros porque ya es tarde” (Lc. 24,29) y se quedó como lo prometió: “Yo estaré con ustedes hasta la consumación de los siglos” (Mt.28,20). Y así lo hizo y lo sigue haciendo porque está en cada corazón que le abre las puertas, en cada oración que sale de los labios de aquellos que lo buscan, en cada lágrima de los que sufren, en cada sonrisa cargada de esperanza, en cada grito de alegría de los jóvenes. Está presente en todos nuestros momentos, es nuestro compañero en el camino; muchos lo reconocen, pero muchos lo ignoran, no pueden percibir su presencia porque no creen o creen a medias. Jesús dijo: “El que cree se salvará” (Mc. 16,16), y también: “Felices los que creen sin ver” (Jn.20, 28).Busquemos a Jesús sacramentado que está verdaderamente presente en el pan Eucarístico, hagamos silencio exterior e interior, callemos y callemos también interiormente por unos momentos, apaguemos los ruidos de las preocupaciones, de los pensamientos que a veces nos aturden y de tantas realidades que no nos dejan entrar en un silencio interior; entremos en ese silencio y así podremos percibir la presencia amorosa de Dios.La Iglesia viva se da cita todos los días en torno a la Eucaristía, el “pan de vida señal de unidad y vínculo de caridad”. Nosotros que somos Iglesia porque somos bautizados, nos alimentamos con el pan de los peregrinos “que va navegando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (Conc. Vat. II).Vivamos unidos a Cristo, fuente del agua que salta hasta la vida eterna: para poder vivir unidos en nuestras familias. Para transmitir el amor a Dios a nuestros hijos. Para poder comprender los errores de nuestros hermanos.Para perdonar como Cristo nos perdona.Para ayudar a los más necesitados.Para animar a los que sufren.Para todo esto y mucho más, necesitamos alimentarnos del pan vivo, de la Eucaristía.


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