Ofertas y demandas

Eso podemos comprobarlo a simple vista analizando, por ejemplo, cuánta necesidad existe de masticar chicle consumir cualquier producto, sean pantalones vaqueros o sustancias de esas que alteran la conciencia, cualquiera que sea su nombre y su procedencia.Se estimula ese consumo, se aprovecha...

Eso podemos comprobarlo a simple vista analizando, por ejemplo, cuánta necesidad existe de masticar chicle consumir cualquier producto, sean pantalones vaqueros o sustancias de esas que alteran la conciencia, cualquiera que sea su nombre y su procedencia.Se estimula ese consumo, se aprovecha cualquier recurso o pretexto, se anuncian las supuestas ventajas de lo que se ofrece y se espera. Pronto aparecerá una demanda tan intensa que hará el producto anunciado sea casi “obligatorio”. A eso suelen llamar “la mano invisible del mercado”, idea con la cual casi han logrado teologizar ese simple intercambio que es en síntesis lo único que existe en el concepto esencial mínimo del mercado.Por eso, al comenzar, pusimos “lógica” entre comillas, porque el manejo del mercado no es una cuestión de lógica, sino solamente de intereses y siempre se impondrán los intereses que son más fuertes, no importa si hablamos de una goma para mascar o un candidato.El tema se nos vino encima hoy, pero no por motivaciones religiosas, sino al ver el despliegue que se hizo para proclamar una imaginaria candidatura de un señor Felipe para que sea quien gobierne el departamento de Tarija.Fue notorio que se había creado primero una supuesta necesidad y que luego, identificado algún producto que podría satisfacer esa aparente necesidad, todo estaba listo, cosas de aquella mágica o casi mágica “mano invisible”.Estándo en ese orden de ideas, recordamos ese libro de Franz Hinkelammert,  la “Teología del mercado total” y algunas cosas comenzaron a tener sentido, producto de la reflexión, que es siempre aconsejable y no solo por ser hoy Pentecostés.Y precisamente para respetar esa fiesta religiosa, que existe no solo en la Iglesia Católica, sino también en la visión religiosa judía, es mejor dejar ahí la comparación de esos respetables temas eclesiásticos con asuntos de mercado.Pero sí deberíamos reflexionar sobre lo que necesitamos o creemos que necesitamos y lo que es realmente una necesidad, para no ser víctimas de caprichos ni de consumos compulsivos, no importa si estamos hablando de goma para mascar, de ropa de moda o de candidatos.Porque especialmente en la selección de quienes van a dirigir nuestros asuntos gubernamentales es en lo que deberíamos tener más cuidado, más precaución y, más pensamiento crítico, que no es propiamente lo que abunda en nuestro entorno.En otras oportunidades nos hemos referido ya a ese insustituible pensamiento crítico que debería caracterizar no solamente nuestras profundas y poco frecuentes reflexiones filosóficas, sino toda nuestra vida cotidiana.De todas maneras, queda la recomendación para reflexionar, porque eso será siempre saludable, no importa si estamos ocupándonos de nuestra alimentación, de nuestras compras “habituales” o si estamos hablando y elucubrando sobre esos manidos temas políticos.Y si pudiéramos hacerlo, sería saludable leer obras como la de Franz Hinkelammert.


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