Está hecha la ley
Pero bien sabemos que no es la ley la que define la tranquilidad social, sino la buena aplicación de las normas legales, es decir, habrá que ver cómo se aplicará la nueva ley y si su aplicación hará de la minería la actividad que contribuye al desarrollo del país.Bolivia es un país...
Pero bien sabemos que no es la ley la que define la tranquilidad social, sino la buena aplicación de las normas legales, es decir, habrá que ver cómo se aplicará la nueva ley y si su aplicación hará de la minería la actividad que contribuye al desarrollo del país.Bolivia es un país esencialmente minero, lo ha sido inclusive antes de ser “un país independiente”, lo cual no deja de ser un eufemismo, porque con la estilo “transnacional” que es la que está de moda en la minería, no hay supuesta independencia que valga.Las corporaciones transnacionales, muy conocidas especialmente cuando se dedican a “explotar” los recursos naturales, especialmente los minerales, están también presentes en Bolivia y en toda esta “nuestra región andina”.Por eso fue tan importante que en nuestro país (sin comillas) se estatizaran las minas hace ya más de 60 años, cuando aún no existían las ahora famosas corporaciones, cuyo poder político real es en este momento incuestionable.Revisando minuciosamente lo que se ha publicado acerca de la flamante Ley Minera, encontramos que queda pendiente el delicado tema de “los impuestos para el sector minero privado, nacional e internacional, que oscilarán entre el 55% y el 65%, aspecto que será abordado en una nueva ley tributaria”. Puede parecer demasiada susceptibilidad, pero la que nos volvió susceptibles a los bolivianos fue la terca realidad que, en cuanto a minería, nos ha causado más dolores de cabeza que el mentado desarrollo, que seguimos esperando. Es que las actividades extractíferas (minería, petróleo, forestería) solamente despojan a la tierra, si es que no están acompañadas de industrialización, que es la que posibilita el famoso valor agregado, que tienen la metalurgia, la siderurgia y la petroquímica.La explotación de litio, que no ha comenzado aún en forma efectiva, así como la del Coltan y otros elementos que para las corporaciones transnacionales son solo “commodities” aumentará y hará más compleja la ya poco sencilla actividad minera.Así como no olvidamos la ya antigua nacionalización de nuestras mineras, recordamos situaciones legales surrealistas, como esa de reconocer beneficios a petroleras que antes de pagar sus impuestos descontaban el que se conocía como “factor agotamiento”. Seguro lo recuerdan.Parece exagerado preocuparse desde ahora por la aplicación de la flamante Ley Minera, pero hay motivos suficientes para esa preocupación y como dice el viejo y conocido aforismo: “Amanecerá y veremos”, pero insistimos, no sobran todas las precauciones.Como dentro de unos días se reunirán en Santa Cruz representantes de los 133 países que forman el G77, sería buena idea compartir con algunos de ellos, especialmente los de nuestra región, sus experiencias en materia de minería.Y por ahora, para no correr el riesgo de empalagar, es mejor que dejemos “tranquilo” el tema minero


