Las guerras perdidas
Cuando hablamos de “drogas” nos estamos refiriendo a las sustancias psicotrópicas, contra cuyo consumo Estados Unidos declaró hace años la “guerra”, cuando controlarlo es un asunto de salud pública y no de policía.Al declarar ilegales sustancias que tienen alta demanda y alto...
Cuando hablamos de “drogas” nos estamos refiriendo a las sustancias psicotrópicas, contra cuyo consumo Estados Unidos declaró hace años la “guerra”, cuando controlarlo es un asunto de salud pública y no de policía.Al declarar ilegales sustancias que tienen alta demanda y alto consumo, principalmente en países como Estados Unidos y algunos otros de Europa, lo que se hizo fue fomentar el tráfico ilegal, con toda su secuela de delitos, que han enlutado a países hermanos como Colombia y México.Es paradójico que se prohíba el consumo de algunas sustancias sicotrópicas. Mientras se permite el de otras que no son menos dañinas, en el jugoso negocio de los fármacos legales. Eso, por lo menos es fariseísmo, pero admite muchos otros adjetivos.En esa larga y absurda “guerra contra las drogas” Bolivia también ha sido (y es aún) una víctima por la desaforada demanda de cocaína en Estados y en Europa, mientras se pretende penalizar el cultivo de la hoja de coca.Un país pequeño, pero muy valiente, como es Uruguay, dispuso hace unas semanas, legalizar el consumo de la marihuana, que tiene miles de años de estar asociada a muchas culturas que la utilizan tradicionalmente.Que el consumo “recreativo” de marihuana y otros psicotrópicos puede causar daños es algo que no se discute, pero, como dijimos es asunto de las autoridades de salud pública y no de policías y soldados que protagonizaron esa guerra, inventada por los gringos y definitivamente perdida. Muchos millones de dólares (desvalorizados, pero aún vigentes) se hubiera ahorrado si el manejo de las drogas hubiera estado siempre controlado por el Estado, pero como en el modelo neoliberal se privatiza todo, se dejó el asunto en manos de quienes lo envilecieron y crearon “carteles”.En el principal mercado de sicotrópicos (legales o ilegales), que son sin duda alguna los Estados Unidos, se está también comenzando a legalizar el consumo de la marihuana y suponemos que en forma paralela se armará la estructura de salud pública que controle su uso.Aunque es en temas de salud, precisamente, en los cuales la potencia del norte flaquea en forma notoria y su actual presidente, Barack Obama puede dar su testimonio personal directo de esa aberrante situación (no encontramos otro adjetivo, más suave).Y no es por la falta de experiencia, porque hace años la guerra contra el alcohol, también en los Estados Unidos, lo único que consiguió fue estimular la aparición de las pandillas criminales que lucraron y se fortalecieron con el prohibicionismo. Y si seguimos hurgando el tema encontraremos quienes se enriquecieron la histórica “Guerra del Opio”, que no fue una guerra para evitar el consumo, sino, al contrario, para estimularlo. Es que la historia también necesita lectura crítica.Algún rato volveremos sobre estos temas.


