La libertad enjaulada

En una soleada tarde, bandadas de niños correteaban de aquí para allá, excitadísimos frente a la jaula de los animales, allí encerrados en exhibición.Aves de diferentes tipos pintaban de colores los espacios desdibujados tras la trama de enrejados. Sus trinos ahogados en silencio. Sólo el...

En una soleada tarde, bandadas de niños correteaban de aquí para allá, excitadísimos frente a la jaula de los animales, allí encerrados en exhibición.Aves de diferentes tipos pintaban de colores los espacios desdibujados tras la trama de enrejados. Sus trinos ahogados en silencio. Sólo el parlotear de los loros desafiaba el cautiverio.La presencia de los tagua, jabalíes, osos hormigueros, reptiles, búfalos, hipopótamos, camélidos, jirafas, felinos, transportan la imaginación, como alfombra mágica, a sus sitios de origen, selvas, sabanas, pantanos, desiertos, de donde nunca debieron haber sido arrancados, para satisfacer el egoísta solaz del ser humano.Recientemente, en el zoológico de Copenhague, se sacrificó a cuatro leones machos, sanos, para sustituirlos por un nuevo espécimen que, tal vez, tendría más méritos para sobrevivir. En esa misma institución, un mes antes, mataron una jirafa joven, dicen, para evitar la endogamia.Nadie fue a la cárcel por ello. ¿No se debería boicotear tales instituciones?. La indiferencia y el silencio son cómplices.Si un swahili mata a una fiera porque le come sus animales de corral, va a la cárcel y todas las organizaciones protectoras de animales lo condenan.En el zoológico de Asunción, en un profundo foso, una gallina blanca dormitaba al sol. En la rama de un árbol, camuflada, una boa constrictora se desplazaba sigilosamente hacia ella; el ave no tenía escapatoria. Estaba sentenciada. No se ignora que en la lucha por la sobrevivencia en la vida salvaje, y también en la social, se vive o se muere. En la naturaleza, en cambio, hay mecanismos de defensa que permiten sobrevivir al depredador.En una ocasión, un orangután, en su jaula, lanzó el dardo de su mirada de expresión humana hacia la gente que festejaba y admirada sus piruetas de acróbata. Sus ojos reflejaban profunda tristeza, quizás añorando su clan, su modo de vida, su selva.Hace, muchos años, un matrimonio de uruguayos, exiliados políticos, llegaron a Guinea Bissau, juntos con cuatro hijos. Los mayorcitos en edad escolar, concurrieron a la escuela y ahí compartieron con un alumno que vivió parte de su infancia entre monos. Según relato, los simios lo habían raptado de una hamaca, mientras su madre trabajaba la tierra. Rescatado, años después, fue reincorporado a la “civilización”.El niño, si bien aprendió hablar portugués, expresaba sus emociones en lenguaje gestual y gutural de la tribu que lo crió.Un grupo de extranjeros, cazadores habituales, lo llevaron consigo para que les facilitara la diversión, puesto que podía comunicarse con las futuras víctimas. El niño, que ignoraba las intenciones de los hombres, colaboró en la salvajada.Tiempo después regresaron y de nuevo lo llevaron. Apenas avistados los monos en las copas de los árboles, el niño les advirtió del peligro y, en bandada, se esfumaron selva adentro y el nuevo plan criminal fue frustrado.Ese relato, verídico, quedó en el acervo de las anécdotas. ¡¡Cuán interesante hubiera sido estudiar científicamente ese caso, para conocer el pensamiento, los saberes y el contenido de las expresiones de esos animales!!.Corría el año 1833, febrero, cuando el sátrapa Francois De Curel, ex militar y docente de un centro educativo francés en Uruguay, con la complicidad de las autoridades de la época, y a ocho años de la Declaratoria de la Independencia y a casi dos y medio de la Jura de la Constitución Nacional, se llevó como parte de su equipaje, a cuatro charrúas, que habían sido capturados dos años atrás, en un campo de batalla, cuando luchaban por su libertad.Los cuatro indígenas eran el Cacique Vaimaca Perú, el Chamán Senaqué, el joven Tacubé y Guyunusa, embarazada de tres meses.Llegados a Francia, fueron exhibidos enjaulados como animales peligrosos, hambreados y en pésima condiciones de salubridad. Ese encierro minó la salud de los cuatro. Senaque enfermó gravemente y fue depositado en un hospital de caridad, donde murió a los tres días. El dinero para pagar su atención médica se sacó del fondo municipal destinado a gastos de animales.Vaimaca murió meses después, probablemente de tristeza por no soportar el cautiverio y, cuando Guyunusa dio a luz, los franceses se admiraban de que la niña llorara igual que sus hijos recién nacidos. A los tres meses, la madre murió tuberculosa. Nunca estuvieron en un zoológico, pero igual estuvieron enjaulados en la mayor humillación que puede soportar cualquier ser humano y, en particular, personas de su estirpe de centauros de abiertos horizontes.Lo que hoy es inadmisible, sucedió con ellos y ahora sigue sucediendo con los animales en cautiverio. El zoológico es la cárcel de los animales condenados, sin juicio, a cadena perpetua. ¿Cuál es su delito?¿Qué sucedería si seres extraterrestres nos raptaran y nos llevaran encadenados a su planeta, para exhibirnos?


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