El último día
Por eso, concluyamos hoy nuestros comentarios dedicados a la tierra, no como el tercer planeta girando en torno a una estrella que algunos consideran “decadente”, sino como la Madre Tierra, la Pachamama, de nuestro acervo cultural.Hay que tener, sin embargo, mucha precaución con los...
Por eso, concluyamos hoy nuestros comentarios dedicados a la tierra, no como el tercer planeta girando en torno a una estrella que algunos consideran “decadente”, sino como la Madre Tierra, la Pachamama, de nuestro acervo cultural.Hay que tener, sin embargo, mucha precaución con los fundamentalismos, decíamos, porque se filtran también en la ecología y producen “pachamamismos” que pueden llegar a ser equivalentes al más desaforado consumismo.Porque el fundamentalismo es, según nos ilustra la enciclopedia, “una reacción cuando la sociedad moderna empieza a guiarse por leyes humanas y deja de lado las divinas, afectando a los hábitos y al estilo de vida”. Hay que considerar, también, que toda iniciativa fundamentalista tratará de inmiscuirse en las políticas del Estado, si es posible bloqueándolo, debido a la naturaleza moralista extrema de los fundamentalistas. Como el Estado posee el monopolio de la educación o, al menos, su control en prácticamente todo el mundo, los fundamentalistas se ven constantemente enfrentados a él cuando sus doctrinas son ignoradas o, como ocurre eventualmente, del todo criticadas en la enseñanza.En nuestro país no sucede eso, porque la Madre Tierra, la Pachamama, está incorporada en toda la cultura boliviana, y también en la educación, pero aun así, existan brotes fundamentalistas de los que llamamos “pachamámicos”, a los cuales, sin embargo, no vamos a dedicarnos hoy.Preferimos, como tributo sincero a la Madre Tierra, recomendar el pensamiento crítico cuando de su conservación y su buena utilización se trate, para no llegar a ninguno de esos dos extremos, que ya hemos mencionado: ni el consumismo desaforado, ni el pachamamismo fanático y obsesivo.Tenemos que cuidar y tratar de la mejor manera posible estas tierra, que no nos ha sido entregada para que hagamos con ella lo que se nos ocurra, sino como alojamiento precioso que tenemos la obligación de mantener y entregar a nuestros hijos y nietos.No será fácil, por supuesto, porque hay intereses muy grandes que están empeñados en acciones depredadoras, dentro del modelo de mercado globalizado al cual el escritor Franz Hinkelammert llamó “teologizado”.Por eso, concluyamos con alguna de esas sentencias de la sabiduría campesina que siempre son muy oportunas y muy atinadas.Dicen los que tienen la costumbre de rezarles a la imágenes que, cuando se acompañen los rezos con la luz de una vela, hay que tener cuidado de acomodarla en el lugar preciso, en la equilibrada mitad, de tal manera que “no esté tan cerca queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre”.O, como decían los griegos antiguos, buscar la “Aurea mediocritas o Dorada mediocridad”. Los griegos modernos ya no buscan nada, porque el modelo de mercado global los quebró.


