Buscar el empate

En el enfrentamiento que la humanidad tiene con el planeta que la cobija y del cual se cree dueña, la Tierra tiene pocas posibilidades de empate, porque esa humanidad la explota, la contamina, la deforesta y la daña de muchas maneras.Según la enciclopedia, el Día de la Tierra es un día...

En el enfrentamiento que la humanidad tiene con el planeta que la cobija y del cual se cree dueña, la Tierra tiene pocas posibilidades de empate, porque esa humanidad la explota, la contamina, la deforesta y la daña de muchas maneras.Según la enciclopedia, el Día de la Tierra es un día celebrado en muchos países el 22 de abril, y su promotor, el senador Gaylord Nelson, escogió este día para crear conciencia sobre los problemas de contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales. Las Naciones Unidas celebran  ahora el día de la Tierra anualmente en el primer equinoccio del año (alrededor del 21 de marzo). El 26 de febrero de 1971, el secretario general U Thant firmó una proclamación a ese efecto.De cualquier manera, desde 1971 existe un Día de la Tierra y debemos hacer algunas cuentas para comprender aquello que dijimos sobre el empate imposible.Desde 1971, redondeando cifras, la Tierra ha sufrido más de 15.000 días de agresión, en forma de minería, deforestación, contaminación de las aguas y del aire con todos los deshechos humanos,  que son cada vez más difíciles de procesar y reciclar.Estamos redondeando el número de días del año en 350, para facilitar el cálculo que sigue. Frente a esos por lo menos 15.000 días de agresión, han existido desde 1971 solamente 40 días de  pausa, relativa, porque estamos seguros que la contaminación del aire no ha cesado un solo día.Imaginemos, solamente, los ingentes derrames de petróleo, en el Golfo de México y en muchos otros lugares, la fuga de radioactividad en Fukushima, la inexorable industrialización para atender a un mundo que consume todo, con insaciable voracidad.Los efectos que ya se sienten se perciben en tifones, huracanes, ciclones y otros fenómenos que no son tan “naturales” como eran originalmente, antes del actual ataque humano a esta tierra que todavía nos alimenta y nos cobija.Pero, a pesar de estas señales, persistimos con agresiones como la del “fracking” que es romper rocas subterráneas golpeándolas con agua, para obtener aquello que alucina a muchas naciones y a empresas transnacionales: petróleo.Intentos para frenar esta devastación, como el Protocolo de Kioto, han sido inútiles porque países poderosos (que son los que más contaminan) se han resistido y todavía se resisten a aprobarlo y aplicarlo, para por lo menos frenar el calentamiento global.Mientras tanto, los incendios forestales aumentan, las emisiones de gases continúan y son cada vez mayores y en general, el mundo se está convirtiendo en un lugar donde cada día será más difícil la vida, no solo la vida humana, porque varias especies se están extinguiendo.Lamentamos contradecir a los campesinos colombianos, pero entre la tierra y esta humanidad consumista, no hay empate.


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