En algún lugar… Un estado paradójico

Noam ChomskyEn algún lugar ingenioso, el aliento tiránico impulsa los engranes de un mecanismo legendario que fabrica el consenso y, por un artificio inexorable, las ideas deben subordinarse a un criterio imperante…La desinformación y la fabricación del consentimiento han sido las...

Noam ChomskyEn algún lugar ingenioso, el aliento tiránico impulsa los engranes de un mecanismo legendario que fabrica el consenso y, por un artificio inexorable, las ideas deben subordinarse a un criterio imperante…La desinformación y la fabricación del consentimiento han sido las estrategias más eficaces para controlar la opinión pública, la actitud masiva y las pautas de conducta; el éxito se logró por el nexo entre el gobierno y los consorcios mediáticos, al que Juan Villoro denomina “telecracia”. Hoy por hoy, en el umbral de la “sociedad del conocimiento” se vislumbra la realización de una utopía gracias a los avances en la tecnología de la comunicación: la realidad global se configura con los testimonios y vivencias de los prosumidores en las redes sociales en un mosaico que admite todas las visiones en un proceso de comunicación que elimina las distancias, agiliza los tiempos y elude el control de las ideas. La intervención de los usuarios para rectificar los mensajes emitidos por la telecracia indicaría el final de un criterio único sustentado en el condicionamiento de los espectadores y el inicio de una sinergia digital y democratizadora. Por esa razón, los insólitos beneficios del intercambio de vivencias y la libre circulación de ideas constituyen una amenaza que se ha conjurado en los regímenes dictatoriales restringiendo el acceso a la Red. Ahí se ubican algunos de los riesgos implicados en la iniciativa de la ley secundaria en materia de telecomunicaciones propuesta por el presidente Enrique Peña Nieto al Senado de la República.Entre imprecisiones y criterios ambiguos, la iniciativa establece como una de las obligaciones de los concesionarios “bloquear, inhibir o anular de manera temporal las señales de telecomunicaciones en eventos y lugares críticos para la seguridad pública y nacional a solicitud de las autoridades competentes”. La iniciativa de la ley también vulnera el derecho a la privacidad de los usuarios porque obliga a los concesionarios de telecomunicaciones a conservar un registro de la actividad en cualquier dispositivo y bajo cualquier modalidad y deberán entregar los datos conservados a las instancias de procuración de justicia e instancias de seguridad que lo requieran. Además, reaparece la figura del “gran censor” cuando establece que podrá bloquearse “el acceso a determinados contenidos, aplicaciones o servicios a petición expresa del usuario, cuando medie orden de autoridad o sean contrarios a alguna normatividad”.Entre líneas se detecta la pretensión de consolidar a los medios como “fabricantes de consentimiento y su compromiso con el orden social del que son beneficiarios para fomentar la indiferencia y la apatía políticas e impedir el pensamiento y la acción independientes”. La aprobación de la iniciativa implicaría un grave retroceso y México se integraría a la comunidad internacional de totalitarismos que pretenden obstruir el avance lógico del progreso fortaleciendo a la “telecracia” en un estado paradójico que vulnera la libertad de expresión y restringe el derecho a la información.Es evidente que estamos al borde de la paradoja: discutiendo la vigencia de garantías constitucionales y derechos humanos que se suponen inalterables en un contexto donde el conocimiento es una prioridad global. El umbral del porvenir utópico se alejará mientras funcionen las fábricas del consenso y persista el artificio que subordina las ideas al criterio imperante…Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.


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