En la puerta del horno

Eso tiene sentido, porque es allí, en la puerta del horno donde se quema lo que ya está cocinado, es decir se daña todo el trabajo anterior y eso estamos temiendo ahora con la petroquímica en nuestro departamento.No estamos alucinando, es que a los empeños por industrializar el gas...

Eso tiene sentido, porque es allí, en la puerta del horno donde se quema lo que ya está cocinado, es decir se daña todo el trabajo anterior y eso estamos temiendo ahora con la petroquímica en nuestro departamento.No estamos alucinando, es que a los empeños por industrializar el gas tarijeño, los acosan ahora peligros de toda índole, desde la subida del petróleo en el mercado internacional, hasta supuestas dificultades técnicas en la fabricación de las plantas para recuperar hidrocarburos licuables.Cuando sube el precio del petróleo, es natural que también suba el del gas y eso estimulará el apetito de quienes ya están recibiendo gas tarijeño sin procesar, tal cual sale del subsuelo.Eso de exportar el gas boliviano sin procesarlo ha hecho inclusive imaginar a algunas personas que el gas boliviano puede sustituir al afectado por los conflictos en Rusia y en Crimea, como si de lo que estuviéramos impacientes fuera de exportarlo.Lo que tenemos que hacer, más bien, es cuidar con celo extremo nuestras reservas, porque parece que la petroquímica por fin se aproxima a Tarija, pero, por precaución todavía no podemos dormir sobre laureles que no tenemos en la mano, sino solamente muy anunciados.Porque de la petroquímica en Bolivia estamos escuchando hablar desde hace medio siglo, o quizás más, cuando se decía que era la carta de triunfo boliviana en el entonces de moda Grupo Andino, que ha cambiado de nombre y de objetivos, según las tendencias dominantes.Hemos llegado al extremo de que hay quienes lamentan que no tengamos un gasoducto que lleve a Europa el gas nuestro, para reemplazar el ruso cuyo abastecimiento lo ven ahora muy precario, por la violencia en Ucrania.Las ofertas para aprovechar nuestro gas aquí mismo, con las plantas petroquímicas y generando electricidad exportable, continúan, pero alguien nos enseñó hace muchos años que debemos exigir siempre “hechos y no palabras”.Mientras tanto, el volumen del gas boliviano exportado crece y crecen también las plantas para generar energía y para producir derivados petroquímicos… en el Brasil y por eso recomendamos ahora más que nunca aumentar la vigilancia, porque estamos, literalmente en la puerta del horno.En los asuntos petroleros, como de costumbre, hay muchos intereses involucrados, intereses que no siempre se presentan con su verdadera fisonomía, a veces inclusive parecen ser organizaciones sin ánimo de lucro, sean nacionales, internacionales o transnacionales.Nosotros debemos tener la idea fija que los intereses primordiales en cuanto al gas o a cualquier recurso natural, son los de Bolivia y por eso seguiremos luchando por la petroquímica nacional, como siempre lo hemos hecho por los hornos de fundición y por la siderurgia.Y debemos hacerlo ahora con más intensidad porque estamos en la puerta del horno.


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