Avisos de referéndum

Con argumentos tan buenos como los de Crimea, en Estados Unidos pudieran convocarse varios referéndums: los hispanos reclamarían La Florida para reintegrarla a España o anexarla a Cuba, los francófonos a Luisiana y Nueva Orleans, los mexicanos a Texas y Los Ángeles, y los ingleses a Oregón....

Con argumentos tan buenos como los de Crimea, en Estados Unidos pudieran convocarse varios referéndums: los hispanos reclamarían La Florida para reintegrarla a España o anexarla a Cuba, los francófonos a Luisiana y Nueva Orleans, los mexicanos a Texas y Los Ángeles, y los ingleses a Oregón. Una vez jubilado, Barack Obama pudiera liderar el movimiento separatista en Hawái, y Sara Palin, con apoyo de Putin, promover el retorno de Alaska a Rusia, y de ese modo cumplir su ilusión de ser presidenta.En estos casos la tarea se simplifica, debido a que no se trata de cuestiones nacionales, sino de negocios, en torno a cuya legalidad existen “dudas razonables” En 1803, por 15 millones de dólares, Estados Unidos compró a Francia alrededor de 2,100.000 km² de la Luisiana. La reclamación no constituiría ninguna novedad, dado que en su momento Thomas Jefferson fue cuestionado por la presunta inconstitucionalidad de la transacción.Por su parte, Alaska, el mayor estado de los Estados Unidos (1.717. 845 km²) fue, territorio ruso hasta que en 1867, por 7.200. 000 dólares, un zar lo vendió a Estados Unidos, que en 1959 lo convirtió en el estado 49 de la Unión, el único además de Hawái fuera del territorio continental.Hawái, con aproximadamente las mismas dimensiones que Crimea de 25.993 km², ubicado a más de 4000 kilómetros de la costa continental norteamericana más cercana, y donde sólo el 7,2 por ciento de la población es blanca, fue anexado en 1898 por orden del presidente William McKinley.La guinda del pastel de la expansión territorial de los Estados Unidos es México, que como parte de la guerra con Estados Unidos perdió más del 50 por ciento de su territorio, donde actualmente se ubican los estados de Texas, Arizona, California, Colorado, Nuevo México, Nevada y Utah. Como resarcimiento Estados Unidos pagó la miserable suma de 15 millones de dólares.Un argumento conclusivo y totalmente coherente con la doctrina liberal es que el zar ruso, como tampoco Napoleón Bonaparte ni el dictador mexicano, eran dueños de la tierra que gobernaban, y mucho menos de las personas que las habitaban.Es probable que algún día la humanidad considere que los ajustes territoriales, las adquisiciones, y las anexiones han terminado, y los mapas dejarán de cambiar de colores. Allá nos vemos.


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