No mentirás
¿Y cuál sería la causa del espionaje? La desconfianza. Es suponer que “el otro” no dice la verdad, y que miente, lo cual parece justificar el espionaje, como una búsqueda inescrupulosa de la verdad, a cualquier precio.Pero la verdad es una virtud, aludida en muchas religiones y no un...
¿Y cuál sería la causa del espionaje? La desconfianza. Es suponer que “el otro” no dice la verdad, y que miente, lo cual parece justificar el espionaje, como una búsqueda inescrupulosa de la verdad, a cualquier precio.Pero la verdad es una virtud, aludida en muchas religiones y no un valor que se pueda manipular al acomodo de nadie, porque, como dice una poesía: “Nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.Es que el presidente Barack Obama habría defendido la necesidad de espiar como el argumento de que es necesario para la “seguridad nacional”, algo sobre lo cual los países que éramos llamados el “patio trasero” tenemos mucho que decir.Alegando la seguridad nacional se cometieron infinidad de atropellos en nuestros países, donde se impuso dictaduras militares de derecha, de las cuales una de las más conocidas debe haber sido la de Augusto Pinochet, en Chile, pero no fue la única. Fue la tenebrosa “Operación Cóndor”.De lo que realmente sucedió aquel 11 de septiembre de 1973 en Chile todavía no se conoce toda la verdad, pero tampoco se conoce todo sobre aquel otro 11 de septiembre del 2001 cuando los Estados Unidos fueron atacados a pesar de todos sus esquemas de seguridad nacional. Un libro de un estadounidense “Contra todos los enemigos” se refiere a la complejidad de lo que pasó tras bambalinas en esos atentados del ahora famoso once de septiembre del 2001, en Nueva York y Washington.El libro fue escrito por Richard Alan Clarke, quien era el encargado de la oficina antiterrorista de Estados Unidos durante los atentados del 11 de septiembre de 2001. Fue funcionario en ese país durante 30 años, de 1973 a 2003, en puestos de diversa responsabilidad.De manera que la seguridad nacional solo resulta ser, en última instancia, un pretexto para espiar a los países que se supone esconden esas verdades que Washington cree tener el derecho de conocer, aunque sea atropellando derechos ajenos.Finalizaremos recordando que el “no mentir” es parte esencial de muchas doctrinas y religiones, donde, como en el caso del catolicismo católico, aparece como el octavo de los conocidos diez mandamientosEn el caso de la cultura quechua no mentir es también uno de los tres grandes mandamientos, (Ama Llulla) junto a no robar (Ama Sua) y no tolerar la pereza (Ama Quella).Respetar la verdad es también confiar en que los demás no nos mienten y que su verdad es tan respetable como la nuestra, para que se cumpla aquello de que “El respeto por el Derecho ajeno es la paz”, que no lo dijo ninguna agencia de seguridad, sino el presidente mexicano Benito Juárez.De ese respeto tendremos ocasión de ocuparnos en otra oportunidad, para seguir reflexionando.


