Aprender o repetir
Por definición, el pensamiento crítico consiste en analizar y evaluar la consistencia de los razonamientos, en especial aquellas afirmaciones que la sociedad acepta como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana.El objetivo del pensamiento crítico es evitar las presiones sociales que...
Por definición, el pensamiento crítico consiste en analizar y evaluar la consistencia de los razonamientos, en especial aquellas afirmaciones que la sociedad acepta como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana.El objetivo del pensamiento crítico es evitar las presiones sociales que llevan a la estandarización y al conformismo. El pensador crítico busca entender cómo reconocer y mitigar o evitar los distintos engaños a los que es sometido en la cotidianeidad. Para revisar la historia del Nueve de Abril de 1952 encontraremos pocas fuentes primarias, es decir que sean plenamente confiables. Por eso, apelaremos a lo que exista como historia crítica de esa revolución, aunque podemos anticipar que no será mucho.Se sabe, por ejemplo, que la participación de los mineros y de los campesinos en esa revolución fue muy importante, pero quizás no muchos pueden recordar que los policías, amotinados en un cuartel en la avenida Armentia, en La Paz, fueron el detonante.No eran los oficiales de alta graduación, sino los policías rasos y probablemente algunos sargentos y cabos, o sea sub-oficiales, quienes protestaban aquel nueve de abril, pero dudamos que existan registros históricos objetivos y confiables de esa protesta policial.Buscando en la memoria de los contemporáneos se puede reconstruir, también, pasajes reales de lo sucedido esos días, como el ataque de las fuerzas revolucionarias al aristocrático colegio militar, al cual se le cambio el nombre de general Adolfo Ballivian por el del coronel Gualberto Villarroel.No son detalles irrelevantes, porque pueden tener tanta importancia como la Nacionalización de las Minas, la Reforma Agraria o el Voto Universal, que fueron las banderas principales de esa que fue considerada una de las pocas revoluciones en América Latina. Lo decía Antonio García.El profesor García era un intelectual colombiano invitado a Bolivia para asesorar en la que luego sería la Reforma Agraria, y esos son detalles que no se pueden ignorar, cuando la tierra laboral en nuestro país está ahora dedicada principalmente a agro-negocios extensivos.De la nacionalización, de las minas, a la que siempre hemos defendido, hemos dicho que debería haber sido complementada con una eficiente metalurgia, como lo hizo años más tarde el general Alfredo Ovando Candia, a quien casi nadie vincula hoy con la Revolución de Abril.Y sin embargo los hornos de fundición, instalados en Vinto durante el gobierno de Ovando, fueron tan importantes como la nacionalización y necesitan un buen análisis histórico crítico.El proceso que culminó el 9 de Abril de 1952, comenzó con las elecciones del año 1951, en las cuales participaron (y ganaron) Víctor Paz Estensoro y Hernán Siles Suazo, ambos luego serían presidentes de Bolivia.Mucho más hay sobre el 9 de abril de 1952 y sus efectos. Merece un trabajo histórico formal y no sólo un editorial de prensa. Por eso queda pendiente.


