La omnipresencia petrolera
La cotización del barril de petróleo en el mercado internacional es algo de publicación obligatoria, siempre está acompañada de noticias negativas, como los derrames de petróleo registrados hoy, en la Amazonía peruana, en México y en Nigeria.En ese mundo híper noticioso, uno de los temas...
La cotización del barril de petróleo en el mercado internacional es algo de publicación obligatoria, siempre está acompañada de noticias negativas, como los derrames de petróleo registrados hoy, en la Amazonía peruana, en México y en Nigeria.En ese mundo híper noticioso, uno de los temas recurrentes es ahora el del “fracking” que es el método de moda para extraer petróleo del subsuelo rompiendo rocas subterráneas para lo que se utiliza agua, que es más preciosa para la vida que el petróleo, aunque no lo parezca.Las experiencias con el fracking en los Estados Unidos muestran numerosos accidentes que pueden dañar el medio ambiente y la salud humana. Entre un 1 y un 2 % de los permisos de perforación violan las obligaciones legales.Muchos de estos accidentes se deben a una manipulación incorrecta del equipo o a fugas de éste. Por otra parte, cerca de los pozos de gas se ha registrado contaminación de aguas subterráneas con metano, así como con cloruro de potasio, que provoca la salinización del agua.Los reclamos, por supuesto, abundan, pero como la explotación de petróleo es más importante para grupos muy poderosos (como el Cartel de las 7 Hermanas) a los reclamos se les presta muy poca atención, o ninguna.En agosto, campamentos de protesta desplegados en la antes inalterable verde Inglaterra; colisiones entre activistas y policías; tensión, arrestos y desembarco de las televisiones en un entorno voluntariamente silencioso y aburrido se volvieron noticia.El campo inglés se ha levantado en pie de guerra frente a las intrusiones de una industria energética que ansía los recursos de su subsuelo. El enemigo a combatir es el fracking, decía la noticia respectiva. Pero ni Inglaterra ni Estados Unidos nos preocupan mucho, sino un lugar mucho más cercano: Vaca Muerta, en la Argentina, donde la explotación de gas con el método fracking tiene justificadamente alborotada a la población.El analista Félix Herrero, acerca de esto escribía: Las frackineras están preocupadas. Por eso gastaron millones de pesos en una solicitada del Instituto Argentino del Petróleo y Gas, que tiene como socias a las compañías Chevron, Apache, YPF, Repsol, y Schlumberger.Ese “instituto” es muy parecido a lo que aquí conocemos como Cámara de Hidrocarburos y esa es, en realidad, nuestra verdadera preocupación, porque sabemos que siempre es el mal ejemplo es el que “cunde”.Críticos tan autorizados como el escritor Raúl Zibechi sostienen que “Con el fracking, la mega minería y los monocultivos de soja sucede algo similar. Durante una década y gracias a los altos precios de las commodities la economía parece funcionar y hay dinero suficiente para pagar políticas sociales que aplacan la pobreza sin realizar cambios estructurales”. Y nosotros, en Bolivia, necesitamos cambios estructurales, no sólo cambios de técnicas petroleras.


