Unas y otras primaveras

Por eso, la primavera ha sido también relacionada con la juventud y, en ese orden de ideas, con el rejuvenecimiento, inclusive de las ideologías o de las características sociales más destacadas, por eso se habló mucho de la primavera de Praga y últimamente de la de Egipto.La primavera de...

Por eso, la primavera ha sido también relacionada con la juventud y, en ese orden de ideas, con el rejuvenecimiento, inclusive de las ideologías o de las características sociales más destacadas, por eso se habló mucho de la primavera de Praga y últimamente de la de Egipto.La primavera de Praga se produjo durante la llamada Guerra Fría, (que no fue tan fría como pretenden) y fue un período de liberalización política en Checoslovaquia, que duró desde el 5 de enero de 1968 hasta el 20 de agosto de ese mismo año.Aunque duró siete meses y no solamente tres que lo que dura cada estación, la de Praga fue una “primavera” notoria porque marcó el declive del poder de la Unión Soviética. De eso ya pasó casi medio siglo, pero todavía se habla hoy.Mucho más reciente es la primavera árabe que corresponde a una serie de alzamientos populares en los países árabes entre 2010 y 2013. Calificados como revoluciones por la prensa internacional, la cadena de conflictos comenzó con la revolución tunecina, en diciembre de 2010. Algunos analistas políticos sin embargo (Noam Chomsky es el más destacado)  consideran que las protestas de octubre de 2010 en el Sahara Occidental fueron el punto de partida de las revueltas que todavía se sienten en el continente africano.En América Latina estamos viviendo nuestra propia primavera principalmente por la aparición y el fortalecimiento de los movimientos de integración regional, que están alterando la situación periférica y subordinada de nuestros países.Esa primavera geopolítica (sin comillas) es la que nos interesa y con la cual estamos más comprometidos que con la primavera astronómica que, por cierto, debe comenzar en nuestro hemisferio el próximo fin de semana, es decir, pasado mañana.Para jugar un poco con los sentidos figurados, podemos decir algo sobre el hemisferio norte, especialmente Europa, donde es evidente que no se vive una primavera sino, un incuestionable otoño, como debe ser.Preparémonos, entonces, para los primeros verdores, pero no propiamente de los vegetales, sino de las concepciones ideológicas que nos están señalando con reiteración que este siglo (y quizás esta década) deben ser sin discusión “del sur”.Unasur, Mercosur, Banco del Sur nos lo están señalando en forma repetida. Pero no son instituciones que reverdecerán ni florecerán por si mismas, solas, necesitan que las reguemos y las cuidemos todos los días.Es algo adicional en lo cual pensar no solamente el 21 de septiembre, sino en forma permanente, pero además de pensar debemos actuar en forma consecuente y que sean otros los que se preocupen y se ocupen del otoño, parecido al de aquel patriarca que con tanta genialidad describió “nuestro” premio Nobel, Gabriel García Márquez.Que es, a propósito, un premio Nobel muy merecido.


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