Misionero

Todos los bautizados deben sentirse misioneros, la misión es hacer conocer a Jesús en todos los ambientes, no es necesario saber mucho, ni ser muy elocuentes, Jesús derramó su palabra con una sencillez inaudita; es lo que entra en el corazón de los hombres.Todos debemos ser misioneros,...

Todos los bautizados deben sentirse misioneros, la misión es hacer conocer a Jesús en todos los ambientes, no es necesario saber mucho, ni ser muy elocuentes, Jesús derramó su palabra con una sencillez inaudita; es lo que entra en el corazón de los hombres.Todos debemos ser misioneros, hablar de Jesús, de sus promesas, de su mensaje, de sus mandamientos que nos indican como vivir nuestros días.Debemos ser firmes en nuestros principios y suaves en las formas de evangelizar, es decir debemos ser firmes en nuestros conocimientos y suaves en nuestros modales.Las razones que tú des, tienen más peso cuando las das con serenidad, porque si exiges que te comprendan y acepten tus palabras con temperamento intransigente y palabras duras, solo conseguirás que los que te escuchan se refugien con más fuerza en sus ideas, aunque estas estén equivocadas.Dice el refrán: “La gota de agua horada la piedra”, poco a poco, con paciencia el agua de tus palabras penetrarán en la mente y en el corazón de quien te escucha, pero si de golpe echas un chorro de agua, resbalará por la superficie de la roca y pronto se secará la humedad.No busques que todos te comprendan, ni que tengan las mejores cualidades, tú tampoco las tienes todas, al menos todas las que quisieran que tengas los que te rodean.Pero Jesús eligió a sus apóstoles y todos eran distintos entre sí, si todos hubiesen sido iguales, solo les hubiese interesado a quienes eran como ellos.Si nos fijamos en la audacia de Santiago que pide al Maestro sentarse a su derecha en el reino de los cielos (Mc. 10,35-37), en el impetuoso carácter de Pedro que llevaba la voz del grupo y se atrevía a preguntarle al Maestro todo lo que los demás no se atrevían, en la incredulidad de Tomás (Jn. 20,21-25) y en la delicadeza de Juan; todos son diferentes y mira cómo han evangelizado al mundo.Somos diferentes, debemos aguantarnos, sabiendo que Jesús está en medio de nosotros y nos llama como a sus apóstoles aun cuando seamos distintos.No te lamentes de que no todos sean como tú, que tengan los mismos criterios, tus mismas reacciones, porque el Señor nos creó diferentes, porque en esa diversidad de personalidades formamos el Cuerpo Místico de Cristo, todos miembros necesarios y diferentes.Si eres misionero o quieres serlo, debes llegar al alma de cada uno, trátales no como a uno más sino particularmente a él o ella, con su propio nombre, ingéniate para llamar a cada uno por su nombre aunque sea difícil, no dejes de esforzarte, el nombre es para cada hombre, la palabra más suya, la más importante, ¡cuántas reacciones positivas realiza al oírse llamar por su nombre propio!Da su valor a cada uno, no des la impresión de que lo confundes con otro, para cada uno un trato especial, no te olvides que él o ella son diferentes y cada uno tiene su personalidad, cada uno se diferencia de los demás.Las palabras o más bien el mandato de Jesús debe resonar todavía en los oídos del cristiano comprometido: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva”.


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