La trampa siria

Al menos en lo que se refiere a las confrontaciones entre las grandes potencias la ONU fue efectiva, nunca más hubo guerras entre ellas; aunque quizás tengan razón quienes creen que la paz llegó como resultado de la división del mundo en dos sistemas sociales encabezados respectivamente por...

Al menos en lo que se refiere a las confrontaciones entre las grandes potencias la ONU fue efectiva, nunca más hubo guerras entre ellas; aunque quizás tengan razón quienes creen que la paz llegó como resultado de la división del mundo en dos sistemas sociales encabezados respectivamente por superpotencias que con la paridad nuclear impusieron la destrucción mutua asegurada.Los problemas actuales comenzaron cuando, afectada por la inviabilidad del sistema y por errores de asombrosa enormidad, déficit de democracia, participación y transparencia; la Unión Soviética, también acosada y obligada a una ruinosa carrera armamentista, se derrumbó dando paso al mundo unipolar en el cual aparecieron fenómenos inéditos: el terrorismo no estatal en gran escala, el fundamentalismo y el radicalismo religioso, y las confrontaciones inter étnicas.En cierto sentido el debut del siglo XXI no pudo ser menos auspicioso cuando, roto el equilibrio político-militar global, el imperialismo quedó sin frenos ni contención e intentó afianzar la soñada hegemonía. A la zaga de inestabilidad y frustraciones derivadas del fin del socialismo en Europa y Asia Central, y de los reveses del movimiento de liberación afroasiático, se sumaron el auge del neoliberalismo y el desborde norteamericano, cuyo liderazgo reaccionó de la peor manera ante los sucesos del 11 de septiembre de 2001, proclamando una guerra generalizada contra el terrorismo cuyos resultados están a la vista.La crisis económica mundial que ha puesto contra la pared a las democracias europeas que basaban su estabilidad en el mantenimiento de los “estados de bienestar”, no permite a los ex países socialistas consolidar sus nuevas alternativas, añade incertidumbre al conjunto de la situación internacional contemporánea, y no crea el marco propicio para soluciones políticas avanzadas.Al daño se sumó la insólita conducción de la política exterior durante la administración Obama, cuando una inexperta Secretaria de Estado desmentía en el terreno de los hechos las propuestas del presidente en las tribunas. Hillary Clinton fue el clásico elefante en la cristalería, y con su pésimo desempeño sembró vientos en aquellas áreas y asuntos donde la diplomacia debió haber brillado.  La falta de avances en la solución de los problemas del Medio Oriente, la persistencia de Irán y su contencioso nuclear, el debut como potencia atómica de Corea del Norte, las incitaciones en los espacios ex socialistas, unido al estancamiento en las políticas de control de armamentos y no proliferación nuclear y los retrocesos en las relaciones con Rusia, así como la incomprensión ante los procesos progresistas en América Latina, han conducido al encanecido Barack Obama a un frustrante escenario.El insólito tratamiento a la crisis en Libia, el amateurismo mostrado ante la Primavera Árabe que, entre otras cosas conduce a la desestabilización egipcia y sobre todo la trampa Siria, han colocado al que pudo ser el más popular de los presidentes norteamericanos desde Roosevelt, en un callejón sin salida. Tratando de huir hacia adelante, la administración Obama favorece la instalación en aéreas sensibles del mundo de una inestabilidad duradera que alimentará procesos negativos de diferente entidad.De momento se verifica una paradoja: allí donde el imperio cree ganar, quien gana es Al-Qaeda en y en lugar de autoritarismos blandos, paternalistas y desideologizados, se instalan el radicalismo y el fundamentalismo violento, teocrático y disfuncional. Nadie está hoy seguro de que pudiera ser mejor para Estados Unidos, al que las inconsecuencias han conducido a escenarios en los cuales el remedio resulta peor que la enfermedad y el presidente que debía acabar con las guerras las inicia. Allá nos vemos.


Más del autor