Espiademonios
Pero la población de libélulas -unas siete mil especies-, con su fragilidad y ojos atentos y saltones, lleva años disminuyendo. Lo afirma el profesor Alejandro Córdoba Aguilar, investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que ha visto que a...
Pero la población de libélulas -unas siete mil especies-, con su fragilidad y ojos atentos y saltones, lleva años disminuyendo. Lo afirma el profesor Alejandro Córdoba Aguilar, investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que ha visto que a consecuencia del cambio climático los huevos de estos insectos nacen antes de tiempo y, desprevenidos, mueren. Añadamos -es de pura lógica- los daños que [también] el diabólico sistema capitalista causa sobre sus hábitats: degradación y destrucción por la especulación urbanística, contaminación de las aguas, pesticidas en el ambiente, etc.Sabemos que con la desaparición de las abejas -por causas similares- ponemos en grave riesgo la polinización y la cadena de la vida. Sepamos también que con la disminución de libélulas perderíamos a unos invertebrados muy buenos controlando la población de otros insectos y que actúan como indicadores de la salud ambiental de los ecosistemas.Y, desde luego, debemos concienciarnos que comprometemos magníficos embustes del padre que asusta a sus niños y niñas contando que esos animalitos son los vampiros de las charcas; privamos a los entomólogos de sus mejores musas de alas cuadriculadas y vuelos rasantes; y, ¡diablos y demonios! acabaríamos con el mayor de sus prodigios: quien se baña en una poza con libélulas revoloteando a su alrededor sana de sus penas y ensancha el corazón. *Gustavo Duch Guillot es autor de Alimentos bajo sospecha y coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.


