Las guerras del Congreso
Sorpresivamente, Barack Obama se apartó de la tradición autoritaria de sus predecesores y con extraña humildad, como manda la Constitución, ha recabado autorización legislativa para atacar a Siria. De sus 43 antecesores, aunque todos contendieron, sólo cinco hicieron algo semejante. Ellos...
Sorpresivamente, Barack Obama se apartó de la tradición autoritaria de sus predecesores y con extraña humildad, como manda la Constitución, ha recabado autorización legislativa para atacar a Siria. De sus 43 antecesores, aunque todos contendieron, sólo cinco hicieron algo semejante. Ellos fueron: 1812 James Madison, 1846 James Polk, 1898 William McKinley, 1917 Woodrow Wilson, 1941 Franklin D. Roosevelt.Las guerras declaradas por el Congreso estadounidense fueron: 1812 contra Gran Bretaña, 1846 México, 1917 Alemania y Austro-Hungría (Primera Guerra Mundial) 1941, en el marco de la II Guerra Mundial contra Japón, Alemania, Italia, Bulgaria, Hungría, Rumania.Lo que ha hecho de Estados Unidos un país típicamente imperialista y un gendarme internacional repudiado, no son las 11 guerras que declaró, sino los cientos de agresiones, invasiones y ocupaciones para los cuales no pidió autorización alguna, entre ellas alrededor de 100 han tenido lugar en América Latina.Algunos de los conflictos en que Estados Unidos ha desatado o se ha involucrado inconsultamente, sirven de botones de muestra respecto a sus actitudes imperiales. Entre otros figuran: Guerra de Corea (1950-1953), de Vietnam (1964-1975); así como las invasiones a Nicaragua (1912-1925), Haití (1915-1934), República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989), y las intervenciones en Irak (1990 y 2002), Afganistán (1999) y Yugoslavia (2001).Algunos como la invasión por bahía de Cochinos y la guerra sucia en Centroamérica no sólo no fueron autorizados, sino que se ocultaron y se escamotean para la historia.Con la intención de llamar al orden a los presidentes, en 1973 el Congreso aprobó la Ley de Poderes de Guerra que limitaban las facultades ejecutivas para comprometer tropas norteamericanas en el extranjero. La norma, aunque vetada por Nixon está vigente pero ha sido ignorada por todos los mandatarios que le sucedieron.Obviamente, el hecho de que la guerra sea bendecida por el Congreso norteamericano o por el Consejo de Seguridad, no la hace legítima ni justa y nada cambia porque la realice Estados Unidos o una coalición. Nadie debe olvidar que la Guerra de Corea se realizó bajo la bandera de la ONU, que esa organización no movió un dedo durante la guerra en Vietnam, miró para otro lado durante la guerra sucia en Centroamérica y recientemente contempló impasible la masacre en Libia.En realidad el problema reside en que la soberanía nacional de los estados, principio básico de la Carta de la ONU, es incompatible con la intención hegemónica de los imperios de los cuales, por ahora es difícil prescindir. Lidiar con esas realidades es tarea de los estadistas y los líderes que a veces no hacen bien su trabajo y millones pagan con su vida y su felicidad. Allá nos vemos.


