Reflexiones desde el Cursillo: Fe en la tormenta

Los apóstoles navegaban en la barca y se desató una gran tempestad, las olas cubrían la barca y estaban en gran peligro, Jesús dormía, ellos lo despertaron y le dijeron: “Socórrenos Señor que nos hundimos”, Jesús calmó la tempestad y les dijo: “Hombres de poca fe, ¿por qué...

Los apóstoles navegaban en la barca y se desató una gran tempestad, las olas cubrían la barca y estaban en gran peligro, Jesús dormía, ellos lo despertaron y le dijeron: “Socórrenos Señor que nos hundimos”, Jesús calmó la tempestad y les dijo: “Hombres de poca fe, ¿por qué teméis?”.Es fácil creer cuando vivimos en la bonanza, cuando la vida nos sonríe, cuando las dificultades diarias son pequeñas, pero que difícil creer cuando la tormenta nos amenaza; en esas circunstancias son muchos los que sufren grandes tribulaciones, sobre todo por enfermedades, por injusticias ante las cuales se sienten impotentes porque nadie que pueda ayudarles los escucha, por el dolor al verse traicionados por sus propios esposos o esposas, por sus seres queridos, por problemas económicos… nunca podríamos terminar de enumerar las tempestades que abaten el alma humana, nos cuesta decir: ¡Jesús en ti confío! Nos cuesta creer en un sol radiante y en un cielo azul en medio de la tormenta, porque nos falta fe.La fe es confiar, es creer en la promesa de Aquél que al sanar a los enfermos les decía: “Tu fe te ha salvado”.Cuando la fe ilumina nuestra vida, toda la vida se vuelve cristal claro. Cuando la fe no vitaliza nuestra vida, cada paso resulta cuesta arriba, es decir algo que fatiga y deprime.Digámosle al Señor con la confianza de hijos: “Señor hay momentos en que los problemas y el dolor que me causan los entretejidos de las cosas y de los hombres, apenas me dejan ver el sol de tu presencia en mi vida… Señor dame fe.Hay momentos en que las contrariedades y los desconciertos en los que me hallo sumergido, me nublan los ojos, creo estar solo y perdido, me siento impotente para llevar mi cruz, con los ojos nublados no te visualizo, no te encuentro, el dolor me oprime, aunque mi razón me dice que Tú estás ahí… Señor infúndeme esperanza.Hay momentos  en que el proceder de muchos me hastía, me invade como una droga en mis entrañas, queriendo desentenderme de todo y de todos, siento un rechazo a estos hombres… Señor dame caridad para amar a todos.Hay momentos en que creo que el mundo es conducido al margen de tu providencia, por los políticos, por los fuertes y que a mí solo me queda refugiarme en la indiferencia y abandonarme en mi seguridad… Señor dame sentido de responsabilidad.Señor aumenta mi fe para que crea que a pesar de todo, Tú no nos abandonas y que todos los que creemos en Ti, tengamos en la fe que nos lleve a conservar la mente serena, el corazón encendido, la voluntad dócil, las rodillas dobladas para acudir a Ti, para pedirte por este mundo que camina en medio de la tormenta, sin fe”. Y así volver a escuchar tu voz: “¿Por qué teméis?”


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