La valiosa credibilidad

Disfrazar la realidad, tapando lo desagradable o inventando virtudes donde no las hay, resulta contraproducente y en vez de obtener los beneficios que se pretende, se puede incurrir en costos astronómicos.Y aquí es pertinente valorar la credibilidad de los medios de comunicación social, como...

Disfrazar la realidad, tapando lo desagradable o inventando virtudes donde no las hay, resulta contraproducente y en vez de obtener los beneficios que se pretende, se puede incurrir en costos astronómicos.Y aquí es pertinente valorar la credibilidad de los medios de comunicación social, como su mayor patrimonio, prácticamente incalculable, porque si se divulga que los contenidos de ese medio se transan como cualquier mercancía, podría colapsar. Eso ha sido puesto en riesgo por un burócrata.Perdida la credibilidad, si es un medio impreso simple y llanamente la gente no lo comprará. Si es un medio electrónico, los “ratings” bajarán tanto que cualquier espacio publicitario allí será absurdo. Y sabemos que la publicidad es lo que sostiene a muchos medios.Lo que sucede con la oficina de comunicaciones del gobierno departamental, entonces, es una aberración y no un simple desatino burocrático, que se pueda enfriar y olvidar luego sin mayores consecuencias.Gracias a la información que llega a conocer, la sociedad civil puede ejercer control social sobre las instituciones públicas, en todo nivel y al falsear esa información se está atentando precisamente contra ese control social.Ahí está flagrante la corrupción, contra la cual tanto se habla, pero parece que sin disminuirla, porque el control social es el mejor remedio contra toda forma de corrupción y los medios de comunicación son los que alimentan ese control. ¿Y si la sal se corrompe?Se sabe que en el núcleo de una bola de nieve, por gigantesca que sea, lo que puede haberla originado es una diminuta nuez, y con los desatinos del gobierno tarijeño en su relación con los medios ya ha comenzado a formarse algo parecido a una enorme bola de nieve.Los medios de comunicación cuya credibilidad haya sido afectada podrían demandar daños y perjuicios, con solo demostrar que no participan ni participaron en ese tráfico de influencias parcialmente destapado. Si no lo hacen, podrían incluso desaparecer, colapsar.A esta altura ya es imposible tapar lo que se hizo, porque alcanzó excepcional notoriedad y generó reacciones concretas de las instituciones relacionadas con los medios de comunicación social y con los periodistas, no sólo a escala nacional, sino inclusive internacional.Están en juego no solamente valores económicos sino también morales y culturales, que no se van a quedar simplemente “afectados” sino que provocarán, necesariamente, remezones institucionales, principalmente en el Poder Judicial y en el Legislativo, a escala nacional.Así tiene que ser y que nadie piense que despedir a uno o a unos cuantos funcionarios solucionará esto que ya es una especie de bola de nieve, pero no propiamente de blanca nieve, sino de peligrosa y sucia corrupción.Debemos todos estar atentos y actuar, porque todos somos parte de ese mentado control social.


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