Para tener una democracia
Palabra por palabra, que es como se debería debatir, resultaría interminable, pero es evidente que muchas de eSas palabras (y todas en la Constitución, por cierto), no corresponden estrictamente a la realidad.Ahora que toma fuerza una probable nueva ley sobre hidrocarburos, la sociedad civil...
Palabra por palabra, que es como se debería debatir, resultaría interminable, pero es evidente que muchas de eSas palabras (y todas en la Constitución, por cierto), no corresponden estrictamente a la realidad.Ahora que toma fuerza una probable nueva ley sobre hidrocarburos, la sociedad civil boliviana, es decir todos nosotros, no deberíamos dejar pasar indiscriminadamente, como ya lo hicimos, cualquier clase de conceptos que luego se volverán leyes gracias a la supuesta “democracia indirecta” que se dice que en Bolivia tenemos.En la perspectiva amplia del debate público, la democracia debe otorgar un lugar principal a la garantía de la discusión libre y a la interacción nacida de la deliberación, tanto en el pensamiento como en la práctica política. Así comenzaría a tener algo de sentido esa otra palabra “pluralismo”, incorporada en la Constitución y dejada ahí, para ser mentada solamente a propósito de las elecciones.Pero es aún común el lamentable defecto de ver la democracia de forma excesivamente restringida y estrecha – exclusivamente en términos electorales y no en términos mucho más amplios - en lo que el John Rawls ha llamado “el ejercicio de la razón pública”. Rawls fue un filósofo estadounidense, profesor de filosofía política en la Universidad Harvard y autor de varias teorías políticas. Es ampliamente considerado como uno de los filósofos políticos más importantes del siglo XX. El concepto de la “razón pública” incluye la posibilidad de que los ciudadanos participen en el debate político y, con ello, de estar en disposición de influir en las opciones relativas a los asuntos públicos.Esto no ha sucedido ni en la elaboración de la Constitución, ni en asuntos tan importantes como la política relacionada con los hidrocarburos, en la cual, especialmente, ha primado el secretismo, que es rotundamente antidemocrático.Mencionaríamos como alternativa la “democracia semidirecta” (pero no en letra muerta sino en acciones concretas) Algunos autores también distinguen una tercera categoría intermedia, la democracia semidirecta, que suele acompañar, atenuándola, a la democracia indirecta. En la democracia semidirecta el pueblo se expresa directamente en ciertas circunstancias particulares, básicamente a través de tres mecanismos: Referéndum. El pueblo elige «por sí o por no» sobre una propuesta. Plebiscito. El pueblo concede o no concede la aprobación final de una norma (constitución, ley, tratado). Iniciativa popular. Por este mecanismo un grupo de ciudadanos puede proponer la sanción o derogación de una ley.Y queda como última opción la revocatoria de mandato, que también está mencionada en la ley de leyes, pero que poco a poco se está convirtiendo, como todo lo demás, en literal “letra muerta”. Por supuesto que lo que le corresponderá a la sociedad no será un trabajo corto ni suave. Pero habría que hacerlo. Solo así podremos llamarnos, con propiedad, Democracia. Sin comillas.


