Reflexiones desde el Cursillo Navidad
Es que recordamos el nacimiento de Jesús, del Rey del universo, del Rey del mundo, del Señor de Señores, del Dios misericordioso, recordamos el nacimiento del Amor mismo.Como puede dejar de ser especial y grande este día en que un Dios se hizo pequeñito para la redención del mundo.Como no...
Es que recordamos el nacimiento de Jesús, del Rey del universo, del Rey del mundo, del Señor de Señores, del Dios misericordioso, recordamos el nacimiento del Amor mismo.Como puede dejar de ser especial y grande este día en que un Dios se hizo pequeñito para la redención del mundo.Como no festejar este día inmortal en que Dios marcó la historia de la humanidad abriéndonos las puertas de la salvación.Él, el Creador, el Todopoderoso nació en una cueva en Belén de Judá, pobremente para darnos a conocer que no está la grandeza ni en el oro ni en la plata.Ese Rey nacido en un pesebre hecho de barro o arcilla, montado sobre unos maderos que allí habían, sirvió de cuna al Rey del Cielo, nació en ese rincón solitario que servía de albergue para los pastores en los días de borrasca.¡Qué tremenda lección para nuestra ambición! Que ejemplo de pobreza y de humildad nos dio el Señor desde su nacimiento, El Rey de la gloria no tiene otra cuna que un miserable pesebre de animales.Nosotros buscamos grandeza en la ostentación de riquezas, queremos siempre más de lo que tenemos, le damos tanto valor a la materia y esa es nuestra pequeñez humana; ahora que festejamos Navidad, volquemos nuestra mirada hacia el pesebre de Belén y aprendamos que la humildad nos hace grandes a los ojos de Dios y la vanidad y el orgullo nos borran de la vista de Dios, nos empequeñece y nos hundimos en la avaricia y en la envidia.San Agustín dice: “Tu siendo hombre quisiste ser Dios para tu perdición; El siendo Dios quiso ser hombre para hallar lo que se había perdido. Tanto te abatió la humana soberbia que no pudiera levantarte sino la humildad divina”.Las palabras de San Jerónimo nos harán reflexionar, el dice:“Oh si me fuera dado ver aquel pesebre en que nació el Señor! Ahora nosotros por honrar a Cristo, quitamos al de barro y le pusimos de plata y oro; más para mi, más precioso era aquel que se quitó. Plata y oro se merece la gentilidad, la fe cristiana se merece aquel de barro. El que nació en el pesebre condenó el oro y la plata, no condenó a los que por motivo de adorarle lo hicieron, pero admiro al Señor, que con ser Creador del mundo, no nace entre oro y plata, sino en el barro”.No es capaz nuestra rudeza de imaginar ni remotamente la vivísima emoción que embargó al corazón de la Madre al contemplar en sus brazos por vez primera el rostro graciosísimo del Hijo, cuando se cruzaron las miradas de sus ojos castísimos, cuando se correspondieron las primeras y mutuas sonrisas. Mientras en su corazón la Madre engrandecía al Señor y su espíritu se alborozaba en Dios su salvador y ofreció el sacrificio de la corredención que la aguardaba.Ella lo envolvió en pañales y lo acostó en el pesebre.Desde ese trono de gloriosa humildad el Hijo del Altísimo recibió la adoración de María y José y también de los ángeles que contemplaban pasmados el anonadamiento de su Dios y la exaltación de la Madre de Dios.La humanización de Dios tiene como efecto el engrandecimiento del hombre porque el empequeñecimiento de la inmensidad es el engrandecimiento de la pequeñez. El hombre se levanta de su pequeñez al compartir Dios su humanidad.Y ante tan grande misterio, ante tan hermoso prodigio, ante el nacimiento de nuestro Dios hecho hombre por amor ¿Cómo respondemos nosotros?Que cada celebración que se cumple en cada hogar sea de alegría sana, invitando a Jesús a compartir con nosotros, no lo dejemos fuera, elevemos una pequeña oración, al fin es su cumpleaños.


