Una historia que trae cola

Una cosa trajo otra y un día después, basado en informes científicos que indican que el consumo de la gaseosa Coca Cola produce daños a la salud, un ex presidente de la Junta Escolar de Padres de Familia en Tarija sugirió evitar tomar este producto, mientras que por su parte el secretario...

Una cosa trajo otra y un día después, basado en informes científicos que indican que el consumo de la gaseosa Coca Cola produce daños a la salud, un ex presidente de la Junta Escolar de Padres de Familia en Tarija sugirió evitar tomar este producto, mientras que por su parte el secretario ejecutivo de la Federación de Maestros Urbanos, Bicher Ordóñez, señaló que se orientará al no consumo de esta gaseosa, siempre y cuando exista un informe oficial que recomiende el Colegio Médico.El ex presidente de la Junta Departamental de Padres de Familia, Javier Astorga, dijo que todos los refrescos gaseosos, en especial los que tienen cola, destruyen células estomacales.Semejante reacción estimula, necesariamente, más investigación y al hacerla encontramos varios datos interesantes: Primero, las cifras relacionadas con The Coca Cola Company, la corporación transnacional que produce y comercializa el refresco y encontramos, también, que en varios países ya no es la Coca Cola la que rinde a sus fabricantes las mayores utilidades, sino el agua potable embotellada (sin cola, sin gas, sin azúcar) que está desplazando a su archi-famosa competencia.No hizo falta investigar mucho, porque las cifras aparecen disponibles inclusive en Wikipedia. Es decir, no hicieron falta Julián Assange y sus Wikileaks para enterarnos que el año pasado la transnacional Coca Cola tuvo ingresos de 112 mil millones de dólares, que sus “beneficios de explotación” fueron, ese mismo año, más de 44 mil millones de dólares y que sus Beneficios Netos para el mismo año llegaron a 90 mil millones de dólares americanos. Muchos más que las reservas internacionales netas de varios países, entre ellos las de Bolivia.Reiteramos que son cifras de divulgación pública, porque las otras, las confidenciales, seguramente serían menos accesibles o casi secretas, como durante muchos años se creyó que era la fórmula química del refresco que comenzó vendiéndose a cinco centavos el vaso.Todo eso ya es folklor urbano y no corresponde más comentarios, pero lo de la venta de agua potable embotellada, que ya ha desplazado a los refrescos gaseosos y endulzados sí nos llama la atención, porque nos lleva a pensar en la mercantilización de ese producto básico para la vida humana: el agua potable.En Bolivia ya hemos tenido inclusive una “Guerra del Agua”, que es como aparece también en Wikipedia esa parte de nuestra historia reciente.Pero está visto que la tendencia continúa y que, como muchos tememos, se avanza hacia la escalofriante posibilidad de que luego lo que se privatice sea el aire que respiramos.Con seguridad que a más de uno ya debe estársele ocurriendo cómo hacerlo.

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