Alianzas creativas con Brasil

como “destino atractivo para las inversiones españolas y que no busca enemigos ni resentimientos”. Frase importante a la hora de hacer un balance de lo que es Brasil en el Cono Sur Latinoamericano y de lo que representa Brasil para Bolivia en particular. La presidenta de Brasil mencionó...

como “destino atractivo para las inversiones españolas y que no busca enemigos ni resentimientos”. Frase importante a la hora de hacer un balance de lo que es Brasil en el Cono Sur Latinoamericano y de lo que representa Brasil para Bolivia en particular. La presidenta de Brasil mencionó reiteradas veces las bondades de la “seguridad jurídica” que ese país goza e incluso indicó que es prestamista del FMI (Fondo Monetario Internacional). Dato mayor si se toma en cuenta el crecimiento económico de ese país. Sólo para ejemplificar los intercambios comerciales entre Brasil y España están alrededor de USD 8,000 millones, una cifra “importante” pero por cierto muy lejana al potencial que podría ser el mercado brasilero para inversiones españolas y latinoamericanas en general, o la posibilidad de que Brasil invierta en países de la región, como Bolivia, particularmente hablando. El gigante del Sur creó en los últimos diez años, con todos sus cuestionamientos, aproximadamente 17 millones de empleos y a decir de la presidenta de Brasil “40 millones de personas han pasado de la pobreza a la clase media” dato importante porque en economía la clase media es la espina-dorsal consumidora de productos y servicios. Con Brasil nos une un gran gasoducto que es generador del principal ingreso al tesoro boliviano. Se les envía más de 30 mmm3d (millón de metros cúbicos por día) y la colosal obra de ingeniería es símbolo del esfuerzo, la integración y la complementariedad que tiene contrato hasta 2019 con posibilidad de ampliar nuevos negocios. En el tema energético Brasil sigue en su dual papel de autosuficiente/ dependiente. Aún tiene importaciones de gas, particularmente de Bolivia, y de materiales refinados. Sin embargo su pronta –quizá en los próximos diez años- independencia energética con el monstruo de reserva de gas y petróleo que cuentan offshore denominado “presal” pueda dar un nuevo giro a la economía brasilera y Continental. Bolivia encaja perfectamente en la dinámica de intercambio comercial con Brasil. Es un socio con el cual se debe rediseñar la relación energética dando el salto cualitativo de venderle además de materia prima, establecer alianzas sinérgicas creativas y positivas en generación de agregado de valor del gas, me atrevo a decir una planta termoeléctrica para suplir electricidad a los estados del oeste brasilero y el norte paraguayo y argentino y otra de procesamiento de gas a diesel sintético para satisfacer la siempre creciente demanda de diesel en el Brasil que, marginalmente a su “independencia” energética con “presal” va a seguir requiriendo electricidad, diesel y gas desde Bolivia. Brasil es la verdadera “China latinoamericana” por sus excesivos niveles de consumo y requerimiento de energía para su creciente industria. Ejemplo de la creciente industria brasilera es el anuncio del presidente de la Empresa de Planeamiento y Logística de Brasil y su plan de al sector privado para infraestructuras por $65,500 millones de dólares que contempla la construcción y ampliación de cerca de 7,500 kilómetros de carreteras y de 10,000 kilómetros de vías férreas. Cifra alucinante pensando en el tamaño de Brasil, y de Bolivia. En esa ecuación Bolivia ingresa perfectamente porque la construcción de esas vías van a requerir combustibles, gas y electricidad a costo reducido, bien podríamos ser parte de esas asociaciones ganar-ganar para generar alianzas de desarrollo mancomunado y lograr direccionar parte de esos 65 mil millones a industrias binacionales de valor agregado al gas en Bolivia. Están en mente de electrificar todo el Brasil, utilizando sus fuentes renovables en primera instancia, sus fuentes no-contaminantes como el gas y viendo mejores estrategias que les permita ahorro energético y evitar crisis como en antaño. Saben perfectamente que un país en crisis energética, con ausencia de oferta en gas, combustibles y electricidad, es poco atractivo para industrias de producción a escala. El tren del desarrollo latinoamericano estará jalonado por Brasil y sus miles de millardos de dólares en inversión que bien podrían también ser dirigidos, en alguna porción, a proyectos binacionales compartidos fundamentalmente en energía a base a gas con Bolivia, de manera de continuar nuestra relación simbiótica y sinérgica que tenemos desde hace más de quince años y que va a continuar. En ese orden a Brasil le debe interesar, por cierto, una Bolivia estable, sin bloqueos, sin caos, con democracia y derechos humanos y sin narcotráfico, por ello importante también las sinergias de combate conjunto al crimen organizado, a la droga y en pro de la estabilización democrática, por eso la importancia, en lo social, de continuar viendo programas de coordinación y complementariedad, más allá de las agendas político-energético-económicas, que, en resguardo de las respectivas soberanías sean medios de canalización de efectos positivos para el desarrollo humano.* MBA profesor y consultor

Más del autor