De la quinua a los fideos
Recordamos que, hace unos cuantos años, conocimos una tesis de grado titulada “La ansiedad como desencadenante de la Diabetes Mellitus (puede ser tipo 1 o tipo 2)En medicina, el término diabetes comprende un grupo de trastornos metabólicos caracterizados por un aumento de la concentración...
Recordamos que, hace unos cuantos años, conocimos una tesis de grado titulada “La ansiedad como desencadenante de la Diabetes Mellitus (puede ser tipo 1 o tipo 2)En medicina, el término diabetes comprende un grupo de trastornos metabólicos caracterizados por un aumento de la concentración de glucosa en el plasma sanguíneo. Para no incursionar demasiado en un tema médico tan especializado, digamos, solamente, que la diabetes es una enfermedad metabólica caracterizada por altos niveles de glucosa en la sangre, debido a una resistencia celular a las acciones de la insulina, combinada con una deficiente secreción de insulina por el páncreas. Un paciente puede tener más resistencia a la insulina, mientras que otro puede tener un mayor defecto en la secreción de la hormona y los cuadros clínicos pueden ser severos o bien leves. La diabetes tipo 2 es la forma más común dentro de la diabetes mellitus y lo que hoy queremos destacar sobre ella es su inexorable condición psico-somática. O sea, la inseparable relación de lo psíquico (la ansiedad) con lo somático. La deficiente presencia de insulina en el cuerpo.Dicho de otra forma, más directa y más contundente: mientras compliquemos más nuestra forma de vivir (principalmente por teologización del mercado) será inevitable que la diabetes ataque a cada vez más personas. Es una cuestión de calidad de vida.Otro aspecto poco mencionado pero consecuente con la misma idea, es la calidad de la alimentación humana, que es evidente que día a día empeora, no solamente porque no comemos lo que nos conviene y ni siquiera comemos lo que nos gusta, sino que inevitablemente terminamos comiendo lo que a los supermercados les conviene como negocio.Esto no es nuevo, pero empeora. Recordamos cuando, para citar sólo un ejemplo, en Bolivia la quinua era parte importante de la dieta popular. Fue reemplazada progresivamente por harinas y hoy es “tradicional” encontrar a nuestros campesinos comiendo casi diario un “fideos ucho” (ají de fideos, en quechua).Eso es mucho más elocuente que todas las monsergas sobre seguridad alimentaria, pero a esta altura ya poco pueden frente al rotundo cambio cultural que lograron reemplazando la hoy muy elogiada quinua con harina de trigo. Al principio esas harinas llagaron como “donación”, hoy, además, nos cuestan caro.Un modo de vida cada día más estresante y una alimentación cada vez más controlada por los grandes mercaderes de alimentos, nos conducen una vez a lo mismo que escuchamos a menudo mencionar: la necesidad de cambios.Pero los cambios no llegarán si siguen limitándose a la cantaleta.


