Sin utilizar argucias
de revisar nuestros referentes sociales básicos, incluida la constitución política del ahora todavía pintoresco “estado plurinacional”, porque cada vez representan menos nuestra realidad social.De ninguna manera es un asunto descabellado y, al contrario, se convierte cada día en una...
de revisar nuestros referentes sociales básicos, incluida la constitución política del ahora todavía pintoresco “estado plurinacional”, porque cada vez representan menos nuestra realidad social.De ninguna manera es un asunto descabellado y, al contrario, se convierte cada día en una obligación casi perentoria, como hace muy poco lo reconoció públicamente el propio presidente Evo Morales.Porque no somos los seres humanos quienes debemos achicarnos, alargarnos, encogernos ni deformarnos para encajar en lo que las leyes dicen que somos, sino que son las leyes las que deben acomodarse y si es necesario hacerse de nuevo, para acomodarlas a la realidad de la sociedad.Hasta donde recordamos (porque no todos participamos efectivamente en procesar esa constitución política), no fueron organizaciones sociales, ni redes sociales (como ahora se las identifica en todo el mundo) las que tuvieron la participación determinante en ese proceso, sino algunas organizaciones no gubernamentales, de las cuales no vamos a ocuparnos ahora con detalle, porque sería incursionar oficiosamente en el campo de la crónica policial o judicial. Además, de ellas ya se ha publicado mucho, pero siguen campantes, sin un control real por parte del Estado.Un debate con real, efectiva y eficiente participación de la sociedad, se está volviendo urgente. Muchos intelectuales, aun estando lejos del escenario, lo han percibido y denunciado, como Pierre Bordieu, quien en un libro publicado hace ya diez años, con el sugestivo título de “Las argucias de la razón imperialista”, hacía notar que: “Entre los productos difundidos a escala planetaria (por esa globalización que tantos malestares causa) no son las teorías de apariencia sistemática, como “el fin de la historia” o la “globalización” que, en definitiva –dice Bordieu- son fáciles de detectar. Hay otras ideas, sostiene más adelante, que ponen en circulación toda una filosofía del individuo y de la organización social y que funcionan como auténticas consignas políticas: El “menos Estado”, la reducción de la cobertura social, la aceptación de la precariedad salarial generalizada como una fatalidad e incluso como algo beneficioso.Estos conceptos de forzada pero falsa universalidad se conciben generalmente en los “think tanks” gringos, se procesan y aderezan en las oeneges y se aplican como algo inexorable en las sociedades periféricas, como la nuestra.Por eso estamos en mora de revisar y reformular nuestro sentido de nación, nuestra conciencia de patria y nuestra verdadera identidad mestiza, que de ninguna manera toleraremos que sea solamente una “anécdota”.Existen muchas personas trabajando actualmente sobre esto, aunque no produzcan los estruendos mediático que se siente en otros temas vergonzosamente banales.Para terminar digamos que en cuanto a nosotros mismos y a nuestra Patria Grande, no necesitamos ni utilizaremos “argucias”. Existen argumentos muy sólidos.


