La panza es lo primero
nuestra alimentación: ¿Qué comemos? ¿Quién lo produce? ¿En qué condiciones?Esto, para utilizar lenguaje “moderno” se conoce como “seguridad alimentaria” y tiene a muchas personas trabajando, principalmente como integrantes de alguna red social y entre los temas centrales de los que...
nuestra alimentación: ¿Qué comemos? ¿Quién lo produce? ¿En qué condiciones?Esto, para utilizar lenguaje “moderno” se conoce como “seguridad alimentaria” y tiene a muchas personas trabajando, principalmente como integrantes de alguna red social y entre los temas centrales de los que se ocupan está en situación privilegiada la “transgenización”, o sea el uso cada más intenso de semillas manipuladas genéticamente con finalidades netamente mercantiles, porque no está garantizada la inocuidad de tales alimentos transgénicos y, más aún, en algunos países de Europa no son de venta libre.En nuestro país ya el tema está produciendo debate, centrado más que todo en el cultivo de soya que, según denuncias formales en Bolivia ya está cien por ciento transgenizado.Cuando se menciona transgénicos es indispensable aludir a la empresa Monsanto, cuyas oficinas centrales, en los Estados Unidos, fueron ocupadas hace un mes por manifestantes que organizaron una protesta.Cuando sucedió eso (la primera semana de octubre) un comentarista hacía notar que en la ciudad estadounidense de San Luis no hay nadie que no tenga un amigo, pariente o vecino trabajando para la Monsanto. Esta ciudad en las orillas del río Mississippi tiene el dudoso honor de ser la sede de esa corporación transnacional. Fundada en 1901, Monsanto fue una de las principales corporaciones químicas del mundo en el siglo XX. Al comienzo de este siglo se transformó en un gigante de la biotecnología. Hoy Monsanto es la mayor compañía de semillas del mundo (27% del mercado mundial) y domina por un amplísimo margen el negocio mundial de las semillas transgénicas, o genéticamente modificadas.Si bien las alarmas por la transgenización de la soya en Bolivia son preocupantes, no son menos las que se escuchan en México, donde lo que se manipula genéticamente es el maíz, mucho más importante para la alimentación humana en varios países de nuestra América.Refiriéndose a las más de dos millones de hectáreas que están a punto de ser sembradas con maíz transgénico, en México, decía Silvia Ribeiro: En más de la mitad de esa superficie, quieren usar el mismo tipo de maíz transgénico (con el gen Mon603) que produjo cáncer en ratas en el experimento del doctor Seralini en Francia, publicado hace poco. Las empresas y científicos afines a ellas se han dedicado a ampliar el estudio.Sabemos que cuando una corporación transnacional (petrolera, minera o como Monsanto) pone un pie en algún territorio, no demorará mucho en dominarlo todo.Bolivia ya está en la mira de Monsanto, no sería raro que para cultivos masivos de maíz también. No se justifica de ninguna manera someterse a un probado riesgo de cáncer. Especialmente si existen muchísimas variedades de maíces que no significan ningún riesgo, e incluso variedades que tienen mayor rendimiento que las transgenizadas.Este es, sin duda, un tema de altísima prioridad.


