Viendo el pasado con mirada circular: La nacionalización de las minas fue vital para la revolución nacional

Constituía en lo político el anhelo de todo un pueblo que sabía lo que hubo significado la hegemonía de dichas empresas; su preponderancia, superior a la del propio Estado, asfixiaba el conjunto de la nación. La historia colocaba frente a frente, a las fuerzas nacionales dueñas del poder...

Constituía en lo político el anhelo de todo un pueblo que sabía lo que hubo significado la hegemonía de dichas empresas; su preponderancia, superior a la del propio Estado, asfixiaba el conjunto de la nación. La historia colocaba frente a frente, a las fuerzas nacionales dueñas del poder revolucionario y a estos consorcios. De la tarea de nacionalizar esas fuentes de producción dependía el destino de Bolivia. En lo económico la perspectiva era compleja: importaba rescatar la soberanía alienada al Estado boliviano y a su sociedad o sea importaba devolver la dignidad al país y permitir el desarrollo y la diversificación económica de la nación; este hecho conllevaba en sí una trascendencia indiscutible. El ciclo de la industria extractiva de minerales que empezaba en las oquedades de los socavones no terminaba en el radio interno del territorio; el desarrollo de los capitales monopolistas se operó en forma alambicada- con infinidad de factores-no sólo estrictamente económicos, sino también superestructurales y nuestro país no pudo substraerse a esa dinámica. De este modo la producción se alargaba desde Bolivia a las fundidoras de mineral, que estaban en el exterior, y luego a los mercados internacionales de consumo, pasando por los complicados sistemas del juego de cotizaciones en las metrópolis del Asia, Europa y los Estados Unidos. Como se ve, el cordón umbilical en la industria minera, en ningún caso era simple; una intrincada gama de aspectos, con su tónica de flujos y reflujos, era lo que determinaba, al final de cuentas, la vida del país. En lo administrativo y técnico la cuestión tampoco era llana; las tres empresas, con fines e intereses propios a fin de lograr el objetivo de la máxima ganancia-inherente a su naturaleza de pulpos financieros-poseían modalidades y experiencias propias; el poder revolucionario para cumplir con sus finalidades, debía encararla con tenacidad y decisión.El país chorreaba riqueza hacia afuera, donde Patiño internacionalizó su feroz consorcio y su fastuosidad y también internacionalizó la fama de la expoliación más inhumana con los trabajadores que sustentaban su riqueza en los socavones con la abundancia de silicosis en los campamentos, desnutrición en la mayoría del conglomerado social, viviendas insalubres, analfabetismo; en síntesis, la abundancia de la miseria.La Nacionalización de las Minas- la más cara y legítima conquista de la nación boliviana-era una decisión irrevisable de Víctor Paz Estenssoro. No se trataba solamente de cumplir la base esencial del programa revolucionario, sino de destruir históricamente la estructura más vigorosa y potente que existió en la economía imperialista en ese tiempo y al factor más poderoso, difícil y consistente de la explotación neocolonial de Bolivia. Había la ineluctable necesidad de destruir el poder político-económico de la Rosca como corolario remate histórico de la victoria popular de Abril para construir la Nación de verdad y fundar una amplia Democracia. El 31 de Octubre de 1952 fue la fecha marcada, en el Campo María Barzola. Una vez dictada el Decreto Nacionalizador, surgieron las voces agoreras de los testaferros y sicarios de los intereses de la plutocracia minera, que señalaban que esa medida había sido un error político y empresarial. De este gran debate sobre la pertinencia o no de la Nacionalización, lo cierto es que: desde la guerra del Chaco todos los gobiernos, con excepción de Villarroel, mantuvieron presupuestos nacionales deficitarios sin que se hubiera intentado superar esa patología financiera que atentaba contra el desarrollo económico; los gobiernos de turno cohonestaron el saqueo de nuestras riquezas naturales, estableciendo impuestos y otras contribuciones ridículas a las exportaciones de minerales; esas administraciones recurrieron al fácil expediente de sufrir esos déficit, mediante la inflación interna, el régimen de cambios monetarios diferenciales, las devaluaciones y el incremento de la deuda externa improductiva que contrajeron en forma irresponsable y leonina; esta situación absurda, impedía que el Estado pudiera atender sus más elementales necesidades.Con la Nacionalización de las Minas, Bolivia quedaba liberada de la oligarquía minero-feudal. Los llamados “Barones del Estado” perdieron ante un Hombre extraordinario Víctor Paz Estenssoro que no les hizo frente económico, sino que los venció con su responsabilidad y lealtad como político revolucionario, siempre comprometido con los destinos de su Patria. Tarija, 31 octubre 2012

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