Hace sesenta años
Hoy, casi nadie menciona esa “rosca minera” que fue la golpeada por la nacionalización y que está magistralmente retratada en uno de los libros de Almaraz: El Poder y la Caída.Pero la muerte sorprendió a Sergio cuando aún tenía mucho que producir. Como él mismo dijo un año antes:...
Hoy, casi nadie menciona esa “rosca minera” que fue la golpeada por la nacionalización y que está magistralmente retratada en uno de los libros de Almaraz: El Poder y la Caída.Pero la muerte sorprendió a Sergio cuando aún tenía mucho que producir. Como él mismo dijo un año antes: “La rosca minera constituye el tema central de El Poder y la Caída, pero con relación al examen global del problema no es más que el antecedente histórico. Mi propósito –agregó- es el de un ensayo más completo sobre el estaño. La primera parte, aun limitada, está concluida. El pasado queda cerrado con la nacionalización, las tendencias que se desarrollaron en su seno y que en último término determinaron los cambios de la política boliviana, la enconada contienda que se libra en torno a la fundición y la metalurgia y la orientación adoptada en materia minera en los últimos años brindarán la temática del próximo trabajo”.Eso, que es apenas un párrafo de la amplia producción de Almaraz, es siempre pertinente, pero principalmente hoy, cuando aquella primera y por entonces sumamente audaz “nacionalización” marcaría para siempre la historia boliviana.El trabajo precursor de Sergio, sin embargo, está lejos de haber concluido. Algo hemos avanzado en metalurgia, pero mucho menos de lo que la potencialidad minera boliviana permitiría, con relativa facilidad.Pero ahora, además de la metalurgia, tenemos pendiente la siderurgia y principalmente la petroquímica, que a veces sentimos que se volatiliza en forma de promesas políticas.Por eso vamos a rematar con otro pensamiento de Sergio Almaraz, quien en otro de sus libros “Réquiem para una República” decía:“Este, que es un país desgarrado al que le predican e imponen una suerte de resignación abyecta ante la debilidad, tiene hombres fuertes que sin ostentación dan de sí mismos todo aquello que permite la permanencia de la vida; ellos mismos son este terco, milagroso afirmarse constante de la existencia. En una amarga y silenciosa epopeya dejando rastros sangrientos se entreteje la historia de un pueblo que se obstina en llevar mucho tiempo su pesada cruz, en busca de una esperanza que se llama patria”.Por eso, quienes nos considerados leales seguidores de Sergio Almaraz en varias oportunidades lo hemos equiparado con el mítico guerrero español del siglo XV, Cid Campeador. Y tenemos el indeclinable compromiso de seguir luchando por esos ideales patrióticos.Que ahora, además, corresponden a una Patria Grande.


