Reflexiones desde el Cursillo La violencia del evangelio
¿Cómo lo hemos interpretado a este pasaje? Lo interpretamos como una violencia interior; Cristo nos enseña que para alcanzar el reino, debemos violentarnos a nosotros mismos, vencer las tentaciones, sacrificar nuestras inclinaciones.No podemos dejar de pensar que en esas palabras de Cristo hay...
¿Cómo lo hemos interpretado a este pasaje? Lo interpretamos como una violencia interior; Cristo nos enseña que para alcanzar el reino, debemos violentarnos a nosotros mismos, vencer las tentaciones, sacrificar nuestras inclinaciones.No podemos dejar de pensar que en esas palabras de Cristo hay mucho más, su misma frase final: “El que tenga oídos que oiga” indica, que Cristo es consciente de haber dicho algo nada fácil de entender.Es muy posible como afirmó Pío XII que termine el mundo sin que hayamos conseguido entender algunos pasajes de la Escritura. Es en el fondo una demostración de que su palabra nos supera y lleva en si algo de esa infinitud que le confiere la presencia de Dios en ella.Debemos estar atentos a los signos de los tiempos que pueden ayudarnos a descubrir el sentido de la Escritura.Es muy posible que para cada época, para cada nuevo problema del hombre, Cristo nos tenga preparada una respuesta suya, que nosotros deberemos describir bajo la iluminación del Espíritu Santo.En nuestro tiempo es un signo claro que la violencia constituye un grave problema.Es cierto que siempre hubo violencias en el mundo, pero hoy la violencia se hace signo, no solo constituye un argumento de fuerza y de defensa, sino un elemento estudio de la sociología, de la política, de la filosofía.Violencia es sus formas externas de revolución.Violencia en los encuentros de los estudiantes con las fuerzas del orden, violencia en las expresiones de rebeldía, de desobediencia, de brazos caídos, violencia pasiva de las huelgas, de la protesta silenciosa, de las manifestaciones pasivas. Violencia de los poderosos para amordazar la libertad y asegurarse de sus privilegios, violencia de los pobres para liberarse del yugo de la opresión económica, política y social.Violencia que puede ser maligna y violencia que pueda ser justa. La violencia es hoy un fenómeno colectivo, es como un arma universal esgrimida en todos los campos.Hoy los católicos se hallan sumergidos en estos conceptos delicados y vidriosos, de su actitud cristiana, frente a la violencia, porque la violencia signo evidente de nuestra generación.Frente a la violencia que se manifiesta en el grito ante toda injusticia, los cristianos sufren el dilema de la solidarización porque comprenden a su vez que les han enseñado la resignación pasiva. Ante este dilema es lógico que se vuelvan hacia Cristo y pidan una palabra de luz, como Pedro que sintió en su espíritu que “Solo Cristo tiene palabras de vida eterna”, definitivas y auténticas.La violencia de la que habla Cristo Hay que mirarla a la luz de la actitud de Juan Bautista, el más grande entre los nacidos de mujer. Era un rebelde contra la sociedad burguesa de su tiempo, contra los ministros que se vestían con pompa para ser saludados en las calles, contra toda injusticia, contra las hipocresías y lo grita con la pasión del que ama aquello en lo que cree, no lleva armas pero sus palabras son más duras que el acero.El Bautista en su celo y en su violencia santa provoca, amenaza, exige; sabe que es peligroso porque sabe que se enfrenta a una sociedad impregnada de pecado y de hipocresía, prefiere el camino de su santa violencia, que grita en las plazas y en las calles su verdad desnuda, que irrita a los injustos y a los poderosos y revela a los oprimidos al verdadero Dios.Si para salvarme necesito hacerme don para mis hermanos, es normal que la violencia de la que habla Cristo no sea solo una violencia interior, sino una violencia que me sirva para ayudar, redimir y defender a mi prójimo.


