Persistir en el error

La excusa más socorrida ha sido la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo y la determinación de no hacer concesiones al capitalismo. Reiteradamente, los dogmas prevalecieron sobre el sentido común.Como excepción puede mencionarse a Lenin a quien no le tembló el pulso para revisar...

La excusa más socorrida ha sido la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo y la determinación de no hacer concesiones al capitalismo. Reiteradamente, los dogmas prevalecieron sobre el sentido común.Como excepción puede mencionarse a Lenin a quien no le tembló el pulso para revisar puntos de vista establecidos como marxistas como la “revolución en un solo país” y la reivindicación del mercado y del dinero durante el tránsito del “comunismo de guerra” a la Nueva Política Económica; Trotski por su parte insistió en la idea de, concluida la guerra civil, democratizar el proceso para lo cual llegó a organizar la “oposición obrera.”Muerto Lenin, Stalin dio marcha atrás a la Nueva Política Económica y en 1937, al aprobar la Constitución que estableció las elecciones de diputados mediante el voto secreto (cosa que en occidente existía desde hacía 150 años), introdujo la única reforma que se recuerda en su largo mandato de 30 años. La iniciativa no tuvo repercusiones debido al autoritarismo del régimen que las promovió. En 1941 se desencadenó la agresión fascista y, bajo la consigna de “Todo para el Frente”, la política interna giró exclusivamente en torno a la contienda.Curiosamente, en aquella coyuntura excepcionalmente difícil, el carácter enérgico de Stalin, su vocación a la vez paternalista y autoritaria, el irrespeto por leyes y formalidades, el rechazo a la idea misma de la democracia e incluso su falta de compasión, contribuyeron a la victoria sobre la Alemania nazi, que culminó con la ofensiva sobre Berlín y la liberación de varios países europeos. Al poder sumó la gloria y, colocado por encima del partido, de la sociedad y la ley, se hizo inmune a toda crítica. El ajuste de cuentas demoró hasta 1956, tres años después de su muerte y lo realizaron sus antiguos subordinados y el partido que con mano férrea había conducido durante 30 años.La critica a los errores de Stalin, cubierta por el eufemismo del “culto a la personalidad” no revistió la forma de una autocrítica del Partido Comunista, no aludió al resto de las instituciones de poder de la Unión Soviética ni conllevó a una reflexión sobre el sistema cuya estructura no fue ni siquiera mínimamente reformada. La desestalinización fue una oportunidad perdida y la inconsecuencia tuvo un alto precio.En la posguerra, la Unión Soviética prosperó materialmente, creció como superpotencia y cabeza de la izquierda mundial, pero con ella crecieron las malformaciones genéticas que 35 años después del XX Congreso provocaron una gigantesca implosión, que cambió el mapa político del mundo y selló la suerte del llamado sistema mundial de socialismo. Al tsunami sobrevivieron China, Vietnam, Corea y Cuba.China había comenzado a blindarse cuando desde los años 60 tomó distancia de la Unión Soviética y en 1978, bajo la dirección de Deng Xiaoping emprendió las reformas. Apenas resueltos los problemas esenciales de la reunificación del país, en 1986 Vietnam avanzó en el Doi moi, (renovación), mientras Corea se congeló en el tiempo y Cuba obligada a la resistencia frente a la agresividad norteamericana aplazó 20 años cambios que, de ser consecuentes, modificarán sus estructuras económicas y políticas, los criterios asociados a la llamada “labor ideológica” y renovará la participación ciudadana, avanzando hacia una versión del socialismo que será mejor en la medida en que sea más democrática y eficaz.En cualquier caso no hay alternativas: el modelo dejó de ser viable y se cambia o se hunde. Los plazos y los ritmos de esos procesos son decisivos. La generación histórica, la misma que hizo la Revolución, en la persona del presidente Raúl Castro, conduce las reformas sin prisa y sin pausa pero sin que sobre el tiempo. Allá nos vemos.

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