La alimentación y el hambre

En estos 57 años, sin embargo, es poco, muy poco lo que se ha hecho para eliminar el hambre humana de todo el planeta y paradójicamente es mucho lo que las empresas  privadas han hecho para convertir la producción de alimentos, especialmente la agricultura, en un negocio rentable, muy...

En estos 57 años, sin embargo, es poco, muy poco lo que se ha hecho para eliminar el hambre humana de todo el planeta y paradójicamente es mucho lo que las empresas  privadas han hecho para convertir la producción de alimentos, especialmente la agricultura, en un negocio rentable, muy rentable. Monopolizar la propiedad de las tierras cultivables, experimentar con cultivos transgénicos que están afectando seriamente la diversidad alimentaria y la seguridad alimentaria y valerse de todos los recursos para convertir los alimentos en un asunto de “mercado”, donde lo realmente importante es la utilidad del inversionista, son solamente unas muestras de lo que aleja al 16 de octubre de cualquier celebración. Salvo que exista el propósito de festejar a uno de los jinetes del Apocalipsis, el que específicamente está dedicado a regar el hambre.Aunque existen muchas versiones de ese libro bíblico, en todas ellas, solo con ligeras variantes aparece el jinete del hambre. Así: “Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: “Ven”. Miré, y vi un caballo negro. El que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: «Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario”O sea que el flagelo del hambre, en esas interpretaciones religiosas que tienen ya más de dos mil años, está vinculado siempre a una balanza, es decir un instrumento para pesar y medir lo que se va a vender. La relación hambre-negocio es, entonces, incuestionable.Por eso, más que un homenaje a la FAO, creemos que corresponde hoy recordar a Josué Apolonio de Castro, médico natural de Recife, pionero en un tema ya considerado tabú en su época: el hambre. En sus dos libros más conocidos, Geografía del hambre y Geopolítica del hambre, publicados antes de 1.950, mostró que, al contrario de lo que se pensaba, el hambre no era un fenómeno natural, provocado por la escasez de alimentos, sino producto de la acción humana, más concretamente, de la organización social y económica. Más de medio siglo después, el hambre continúa sin tener una solución, por lo que su pensamiento permanece vivo.Como remate, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que lamentablemente no tenemos actualizados a la fecha, más de 900 millones de personas pasan hambre en el mundo. Y con seguridad que la cifra crece diario.Hoy no es pues un día para festejos.

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