Con sus inversiones a otra parte
Eso porque hace poco el esposo de Sofía, el rey Juan Carlos, que es también una especie en extinción, fue muy criticado por haber ido de cacería al África, a dispararles a los elefantes, que son otra especie en extinción.Pero parece que las aficiones de la reina Sofía son diferentes a las...
Eso porque hace poco el esposo de Sofía, el rey Juan Carlos, que es también una especie en extinción, fue muy criticado por haber ido de cacería al África, a dispararles a los elefantes, que son otra especie en extinción.Pero parece que las aficiones de la reina Sofía son diferentes a las de su esposo, porque en los días que visitará Bolivia no cazará cóndores. Por lo menos en la agenda oficial de su visita no figura eso.Dejemos entonces, por ahora, tranquilas a las especies en extinción y ocupémonos de otras, que no se extinguen, sino que se fusionan, crecen y no atacan a los animales, sino a los recursos naturales. Hablemos de las corporaciones transnacionales mineras y petroleras.Leímos que en Colombia, donde se instalaron y están medrando, ya han despertado animadversión y que están en proceso varios proyectos de ley para que paguen más impuestos y regalías, porque lo que pagan ahora es ridículamente pequeño. Y, por supuesto, ya salieron también sus defensores y al conocer sus argumentos fue que nos preocupamos. Dicen que no hay que exigirles mucho, porque “se pueden ir con sus inversiones a otra parte”.Una de las mayores críticas al sector minero y petrolero es que, dadas las elevadas exenciones y deducciones las empresas terminan pagando una tasa de tributación muy baja.Este debate no se presenta sólo en Colombia, sino en varios países, entre ellos Bolivia. Chile, por su parte, aprobó recientemente un incremento del 5 al 14 por ciento en las regalías para el sector minero; en Perú el debate está al rojo vivo y quieren copiar el modelo vecino; Israel aumentó a comienzos de este año del 20 al 50 por ciento los gravámenes para la explotación de petróleo y gas mientras que en Sudáfrica se debate un impuesto de renta del 50 por ciento para el sector minero.De manera que ese temor de que se vayan con sus inversiones a otra parte deja de tener fundamento, porque ya en ninguna parte están conformes con la explotación de sus recursos.Irse de donde están los minerales o el petróleo, no será tan fácil como refugiarse en un paraíso fiscal, como actualmente lo están haciendo muchos para atesorar sus ganancias (bien habidas o mal habidas. Con más frecuencia lo segundo).La integración de las políticas mineras y petroleras por lo menos en Sudamérica (porque no nos preocupan tanto Israel ni Sudáfrica) no sería imposible. Ni siquiera muy difícil, puesto que tenemos ya operando mecanismos de integración como Mercosur, Unasur, Celac y otros.Comencemos a hacerlo por lo menos con las inversiones que se mueven en minería y petróleo, aunque también estamos en mora de hacer algo similar con las transnacionales que manejan semillas, alimentos o medicinas. Para que los seres humanos dejemos de estar en peligro de extinción.


