Reflexiones desde el Cursillo ¿Somos esclavos?

Si reflexionamos y profundizamos el significado de estas palabras, vemos que con ellas nos dice una gran verdad, que es denuncia y clamor con una fuerte voz, para que llegue al fondo de nuestras conciencias.Cuando hablamos de esclavitud pareciera que nuestra mente nos llevaría a esos tiempos en...

Si reflexionamos y profundizamos el significado de estas palabras, vemos que con ellas nos dice una gran verdad, que es denuncia y clamor con una fuerte voz, para que llegue al fondo de nuestras conciencias.Cuando hablamos de esclavitud pareciera que nuestra mente nos llevaría a esos tiempos en los que nos narra la historia, cuando los blancos manejaban la vida de los negros y los explotaban a fuerza de látigo.Hoy aunque nos parezca inaudito, la esclavitud sigue vigente en nuestro mundo después de más de 50 años de la declaración de los derechos humanos.  Vivimos en un mundo de explotación, porque muchísimos hombres y mujeres y pueblos enteros están esclavizados por otros hombres y mujeres y por otros pueblos.¿Qué es la esclavitud?,  es el sometimiento de una persona o pueblo, los cuales carecen de libertad.  Se carece de libertad, cuando la realización de las personas que aspiran a su profesionalización, al trabajo, a la cultura, etc., se ven impedidas de aspirar a un ideal por la carencia económica, son barreras de pobreza que esclavizan.Existen otras clases de esclavitud mas desagradables todavía, las escalofriantes esclavitudes  que nos hacen conocer los medios de comunicación, sobre todo por medio de la televisión, nos hacen contemplar el hambre, las enfermedades, la prostitución infantil como medios para sobrevivir y como oferta turística, la negación de los derechos fundamentales de la mujer, la deuda externa que se va convirtiendo en la muerte interna de muchos países, que cae como un pesado fardo sobre hombres, mujeres y niños sumidos en la pobreza, que es la carencia de lo mas elemental para vivir con dignidad  de seres humanos e hijos de Dios, a esto se suma la corrupción de los gobernantes, la explotación de los países fuertes sobre los países débiles.La conmoción social, la violencia, se da como consecuencia de las reacciones nacidas de la cansada paciencia y sumisión vividas por muchos años y hoy las reacciones llegan a los excesos y medidas extremas que perjudican al desarrollo del país.¿Y nosotros cristianos somos en buena parte protagonistas para causar también esclavitud?Muchas veces en nuestro afán de tener más, de disfrutar de la vida, de dejarnos llevar por el consumismo, en una palabra, por nuestro egoísmo de querer todo para mi, nos aprovechamos de los más débiles, muchas veces explotándolos, siendo indiferentes ante las carencias de nuestros hermanos, olvidándonos de todo principio de solidaridad, mostrando con nuestra vida la falta de sensibilidad moral y social.Esta indiferencia, este egoísmo, pisa el principio cristiano que nos vino a enseñar El Divino Maestro, en toda su doctrina, en toda su enseñanza, en todos sus consejos, nos repitió y sigue repitiéndonos a través de los siglos: “Amaos los unos a los otros”.Y ante este mandamiento de amor ¿Cómo respondemos?, escuchemos a Jesús Quien bendice a los misericordiosos, cuando dice: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”.  ¿Podremos esperar que los poderosos nos abran una salida de la injusta deuda externa y tomar una acción con voluntad de ayudarnos desinteresadamente a salir de la pobreza?Y nosotros ¿Cuándo nos decidiremos a decir sí a Jesús, con verdadero compromiso, para así cambiar nuestro modo de vida tan egoísta y consumista, razones que son en parte las que contribuyen a esclavizar a los demás?.El día en que demos una repuesta auténticamente cristiana a Jesús y a nuestro prójimo, aceptando el programa de vida que nos presenta; entonces habremos dado el verdadero paso para ser libres y para liberar a nuestros hermanos.

Más del autor