Presupuestando

Esas liturgias tienen que ver con los presupuestos y con el mercado, que se ha convertido, también, en una especie de religión, cada vez más globalizada, como nos lo hace notar Franz Hinkelammert en su “Teología del mercado total”.Vamos primero con los presupuestos. Se le llama...

Esas liturgias tienen que ver con los presupuestos y con el mercado, que se ha convertido, también, en una especie de religión, cada vez más globalizada, como nos lo hace notar Franz Hinkelammert en su “Teología del mercado total”.Vamos primero con los presupuestos. Se le llama presupuesto al cálculo anticipado de los ingresos y gastos de una actividad económica (personal, familiar, un negocio, una empresa, una oficina, un gobierno) durante un período, por lo general en forma anual. Esos cálculos anticipados no siempre corresponden a lo que será la real ejecución. Y por eso, ya comienzan las informaciones sobre que “se ejecutó sólo la cuarta parte del presupuesto”, lo que demuestra que ese cálculo anticipado estuvo lejos de la realidad, o surgieron problemas de gestión que no se habían previsto. En todo caso, octubre es mes de liturgias presupuestales. Sea porque se revisa cuánto acertaron los que hicieron los cálculos anticipados o sea porque emergen las ineficiencia de quienes debían ejecutar esos supuestos (Por cierto, se les paga por hacerlo).Y vamos a lo otro. La liturgia navideña, que –como dijimos- no necesariamente tiene que ver con algo religioso, pero indudablemente tiene que ver con el mercado.Vimos algunas publicaciones donde ya aparece, cada vez con más agresividad, la publicidad navideña, cuyo principal símbolo es el regalo. En la práctica no tiene mayor importancia si los regalos están asociados con un Niño Dios, con unos Reyes Mayos o con ese ahora omnipresente San Nicolás o Santa Claus (como muchos prefieren llamarlo). Sea como sea, serán el padre (o la madre, según quien sea cabeza de familia) quienes se ocupe de los regalos y para eso seguramente que ya estás emborronando presupuestos.Esos supuestos de ingresos y gastos en alguna medida se cumplirán. Pero, en Europa, por ejemplo, lo más probables es que primas, aguinaldos y bonificaciones de toda índole sean recortados o simplemente eliminados. Ahí la crisis adquiere significado doméstico.Volvamos ahora a los presupuestos del sector público. Allí, hace tiempo que se menciona, al menos como teoría, la planeación participativa, para que en la elaboración de los presupuestos intervenga la sociedad civil y no dejar esa responsabilidad solamente a los burócratas, que en el caso de ese sector es ocioso insistir en su ya tradicional ineficiencia.Rematemos, entonces, con que el control social es también importante en la elaboración de presupuestos y no solamente en la ejecución de lo presupuestado. Y ahí está precisamente, en la progresiva participación ciudadana, la esencia de ese cambio, del cual tanto hemos escuchado hablar, pero cuyos efectos la mayoría aún no sentimos en nuestra vida cotidiana. Tomémoslo en cuenta, ahora que estamos en las fechas litúrgicas para presupuestar, a ver si el próximo año no volvemos a escuchar la cantaleta de que “sólo se ejecutó una mínima parte de lo presupuestado”.

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