Cavar zanjas no estimulará la economía
Los últimos datos de crecimiento europeos muestran que la política de impulsar la austeridad fiscal ha sido un error lamentable. Gran Bretaña puede tardar años en recuperarse de la recesión de doble caída. La alternativa de fomentar el gasto para el estímulo, sin embargo, debe ir más...
Los últimos datos de crecimiento europeos muestran que la política de impulsar la austeridad fiscal ha sido un error lamentable. Gran Bretaña puede tardar años en recuperarse de la recesión de doble caída. La alternativa de fomentar el gasto para el estímulo, sin embargo, debe ir más allá de la mera inversión. Mientras que los proyectos en infraestructuras son importantes para el empleo a corto plazo, no proporcionan la visión de cambio necesaria para transformar las economías europeas, puesto que deben encararse los desafíos técnicos, ambientales y económicos. De hecho, los países que están creciendo a tasas de dos dígitos no están solamente gastando, sino que también tienen perspectivas ambiciosas sobre el objetivo de la inversión pública.En esta última década y media China, que ha crecido a un promedio anual del 10%, ha aumentado su gasto en inversión y desarrollo en un 170%. Su plan quinquenal (2011-15) prevé invertir 1,5 billones de dólares (5% del PIB) en nuevas industrias estratégicas, especialmente “verdes”: tecnologías de ahorro de energía y respetuosas del medio ambiente, biotecnología, avanzadas fábricas de coches de combustible alternativo. No puede alegarse más que su perspectiva de crecimiento está basada en los bajos salarios y en la imitación; se está convirtiendo en un líder en innovación y de resultas los salarios están aumentado.De la misma manera Brasil, que creció un 7,5% en el año 2010, anunció recientemente un paquete de estímulos fiscales de 66.000 millones de dólares para modernizar su infraestructura. Pero Brasil comprende perfectamente que la infraestructura no es suficiente y su política activa de innovación, liderada por su banco de inversión estatal BNDES, está convirtiéndolo en un líder internacional en energías renovables y en biotecnología. Gastó más de 5.300 millones de dólares en tecnología limpia entre 2010 y 2011, y en biotecnología se ha centrado en la fase arriesgada denominada “valle de la muerte” (entre concebir el proyecto, las pruebas definitivas y la aprobación) en la cual muchas empresas han fallado debido a la falta de financiación privada.De hecho, en todo el mundo los bancos de inversión están centrándose en la innovación. Las inversiones del Banco de Desarrollo de China, por ejemplo, son la fuente principal del éxito del país en la energía solar. Los fabricantes chinos de placas solares se han convertido en grandes actores internacionales, capaces de reducir el coste de los paneles solares fotovoltaicos tan rápidamente que algunos creen que su acceso al crédito explica las bancarrotas de las compañías de energía solar en los EEUU y en Europa.En Occidente, cuando las inversiones gubernamentales tienen una orientación estratégica, aparece inmediatamente una preocupación sobre la incapacidad del sector público para elegir bien. En Gran Bretaña han planteado crear un banco de inversión sobre las cenizas del Royal Bank of Scotland (RBS) para orientar el gasto en infraestructuras. Pero un banco de inversión no se necesita simplemente para invertir, sino para hacerlo en áreas en que el sector privado no está dispuesto a hacerlo. Ello requiere tomar decisiones. Y muchos, incluso en la izquierda, están preocupados porque un banco “público” será menos capaz de tomar esas decisiones que un banco privado.El auténtico problema no es el de las decisiones privadas contra decisiones públicas. Cuanto más se hable despectivamente sobre la habilidad del Estado para ser productivo, un agente activo en la economía, menos habilidoso será, menos capaz de atraer a mentes brillantes, que preferirán trabajar en sectores lucrativos del sector privado. El gran cartel que da la bienvenida a los visitantes en la Oficina del Departamento de Negocios, Innovación y Formación en Londres exuda la irrelevancia del Estado: “Gran Bretaña: bajos impuestos empresariales y menor regulación”. No obstante, la inversión sigue siendo baja. Cuando, en cambio, hay perspectiva y entusiasmo en el sector público, los puestos de trabajo se llenan de buenas mentes y los negocios responden. Efectivamente, la revolución informática fue encabezada por un organismo público de EEUU, Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA), que logró atraer algunas de las mejores mentes del país, e inventó Internet en el camino.El entusiasmo por el BNDES en Brasil y su papel emprendedor y creativo en la planificación estratégica de nuevas industrias ha permitido atraer a prominentes economistas financieros, y sus directores son dos expertos internacionales en economía de la innovación. Su audaz toma de riesgos le ha permitido hacer beneficios récord en inversiones productivas, más que en las puramente especulativas. En el año 2010 la rentabilidad financiera [es decir, la razón “beneficio neto después de impuestos / fondos propios”. N del T.] fue un sorprendente 21% (reinvertido por el tesoro en áreas como sanidad y educación), mientras que la de la organización equivalente del Banco Mundial (el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo) fue de un -2% (y la del Banco de Desarrollo de China fue del 9%).En Europa, la institución equivalente sería el Banco Europeo de Inversiones (BEI). De hecho, inmediatamente después de la crisis el BEI emprendió por primera vez la concesión de créditos anticíclicos. Aumentó los préstamos concedidos de 890 millones de euros en el año 2007 a los 4.200 millones en el 2009. Declinó vertiginosamente en el 2011 a 703 millones, principalmente a causa de las aprensiones sobre las calificaciones AAA de los bancos, así como a la falta de consenso entre los países de la UE acerca de cómo debería actuar el BEI. Y, como ha razonado recientemente el economista griego Yanis Varoufaquis, lo que el BEI da con una mano (por ejemplo, financiación para las pequeñas y medianas empresas griegas), el Banco Central europeo se lo toma con la otra. Al final, es más que nada el miedo a las agencias de calificación y la falta de solidaridad entre países lo que dicta la política de crecimiento en Europa.Por supuesto, necesitamos tanto el gasto de estímulo general en áreas como la sanidad, la educación y las infraestructuras, como en las inversiones directas en los sectores y nuevas tecnologías estratégicos. Pero se ganará la carrera económica mundial principalmente sobre esto último, y los ganadores obtendrán más beneficios para los programas de bienestar. De hecho, como ha mostrado la investigación del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, el multiplicador de inversión es mayor cuando la inversión pública se dirige a áreas de crecimiento más que a “cavar zanjas” y llenarlas de nuevo. Pero la dirección requiere perspectiva, coraje y solidaridad, todas ellas víctimas de la última crisis europea.


